27 ene. 2011

Capitulo uno: Quiero Dormir.

Primero que nada me quiero presentar. Mi nombre es Micaela Yori y vivo en Argentina. Espero que les guste esta nueva historia de Vampiros que estoy escribiendo. Saludos a todos :D




Quiero Dormir
Diversión, descontrol, amigos, noche, frío, nieve, montañas, eso esperaba. Pero sobre todo Diversión. ¿Y con qué me encuentro ahora? 


Cuatro de los treinta que somos en el curso de mi colegio fuimos los que terminamos yendo a este viaje. Y por lo tanto, nos ubicaron con otro curso, de otro colegio. Desconocidos.


¿Por qué estoy acá? ¿Por qué no me fui cuando anticipé que no iba a ser divertido?


— Dale, Sam, no quiero ir sola. Además, también va Ryan. — Por eso fui.


La persona que me dijo eso, era mi mejor amiga, Marissa. Ella desde un principio supo que al viaje iría con su novio, John. Nunca descartó la idea del viaje.


Ryan era el mejor amigo de John y el chico mas lindo de todo el curso. Era rubio, alto, musculoso, de unos ojos azules que podrían iluminar en la oscuridad, y un idiota.


Físicamente, me gustaba, no lo puedo negar. Pero era una persona tan arrogante, tan egocéntrico, vanidoso… me sacaba de quicio. No con eso estoy diciendo que él sea una mala persona, tenia sus cosas buenas. Era protector, atento, cariñoso. Pero, no congeniaba con migo.


Habíamos intentando estar juntos hace unos cuantos meses, pero simplemente, no funcionó, o mejor dicho, no fui suficiente para él y lo encontré besándose con otra.
Desde ese momento, no me interesó intentar modificar los aspectos que no me gustaban. Simplemente, que haga su vida. Pero él se dio cuenta de lo que perdía y no quiso continuarla sin mi en ella. Repito, un idiota.


A Marissa siempre le interesó que yo regrese con Ryan porque era divertido, era como si fuéramos dos hermanas, con los dos hermanos. Yo me sentaba con Ryan y Marissa con John, no se cortaba la relación, salíamos juntos y la pasábamos bien. Si nos peleábamos entre nosotros, tanto yo con Marissa como Ryan con John o dentro de las parejas, siempre intervenían los que no se hubieran peleado y arreglábamos las cosas entre todos. Yo sé que Marissa extrañaba eso, y la entendía. Ella había quedado en medio de todo esto.


Solo por ella accedí a este viaje de fin de curso. Esto prometía ser interesante. Y mas todavía porque Marissa estaría todo el día, y los 10 días, con John, y adivinen dónde quedaba yo. Si, con el idiota.


Soy Samara Williams. Una chica normal. 17 años. Cursó el ultimo año de mi escolaridad. ¿Qué mas les puedo decir? No soy presumida, por lo que mis defectos son los que mas destaco e ignoro mis virtudes. Pensé que quizá darles un panorama de mí sería adecuado, pero con eso alcanza.




Al fin llegó el día. Teníamos que abordar el bus a las 6am. Tenía que madrugar, mas de lo normal, cosa que no me agradaba demasiado y, si, me ponía bastante mas irritable de lo normal.


Tanto mi madre como mi padre estaban entusiasmados por este viaje, ya que ellos en su juventud no dispusieron de los medios para conseguirlo, es mas, ni siquiera habían terminado el colegio, lo hicieron mas tarde de grandes. 


Yo era su gran orgullo. Y mis otras dos hermanas también. Pero al yo ser la mayor, había mas orgullo, felicidad.


Samanta era mi hermana menor, dos años menor que yo. Sabrina, la niñita de la casa, con trece años. Mi madre Sara, y mi padre Santiago. Si, tenían un serio complejo con la S. Nunca supe porque. O tal vez solo era que les gustaba.


Eran las 5am y estrellé el despertador contra la pared. No había dormido bien a causa de lo que me esperaba al día siguiente.


Me vestí con uno de los conjuntos que había dejado fuera de la valija y fui a desayunar.


Un largo día, largo, me esperaba. 24hs de viaje y todas con el idiota al lado. Puff, una diversión bárbara. Sarcasmo.


Al bajar al comedor me encontré con una emocionada mamá y un abundante desayuno. Un gran tazón con cereales y leche. Tostadas con manteca, otras con mantequilla de maní, otras con queso, otras con mermelada de frutilla. Tres tazas, una con café, otra con leche y chocolate, y otra con té.


— Mami, ¿estas conciente de que soy solo una persona?


— Si, Sami. Pero como no vas a tener mis desayunos por diez días, consideré que seria bueno que los tengas todos hoy. — Besé y abracé a mi madre agradeciéndole todo lo que hacía por mi.


— Hey, ¿no hay un poco para mi de ese abrazo familiar? — Preguntó mi padre y al instante lo sumamos para quedarnos así unos momentos en los que yo aprovechaba para dormitar.


Desayunamos en familia y 5:30 partimos hacia la puerta del colegio. Puesto a que era un viaje de egresados, se suponía que el bus nos pasaría a buscar por allí.


Al llegar, rezaba por que Marissa ya estuviera ahí, pero mi impuntual mejor amiga, no estaba. Y para mi desgracia, su novio tampoco. Solo el idiota y yo.


— Hey, Sami, que linda que estas hoy. — Dijo intentando halagarme.


— Mm, si. Siempre supe que las ojeras por no dormir eran el mejor rasgo de mi cara. — Dije con sarcasmo. — ¿De Marissa no sabes nada?


— Se supone que es tu amiga.


— Se supone que es tu cuñada. — Dije y ambos reímos. Si, química si había entre nosotros. Pero… faltaba algo.


Me recosté contra la pared mientras mis padres bajaban mis maletas del auto teniendo a Ryan a mi lado.


— ¿Estas emocionada?


— ¿Por qué?


— Bueno, Marissa estará con John la mayoría del tiempo… A mi si me tiene emocionado esta experiencia. — ¿Qué debía contestarle? ¿Cómo debía hacer para dejarle claro que no quería nada con él? ¿De veras no quería nada con él o era puro orgullo?


— Tengo sueño. — Contesté al fin. Ryan sonrió suspirando y fijó su mirada en un punto fijo al momento que llegaba Marissa súper emocionada y feliz.


— Campera, remeras, bufandas, tacos, zapatillas, collares, pulseras, lencería, botas, medias, polainas, poleras, la PC, cargador de celular, secador de pelo, planchita para el pelo, shampoo, crema para peinar, fijador, maquillaje… Sam dime, por favor, que no me olvide de nada. — Dijo Marissa de manera acelerada.


— Si, Marissa. Te olvidaste de dormir.


— No. Dos horas son mas que suficiente.


— Que suerte que no soy yo el que te tiene que aguantar todo el viaje… — Dijo Ryan.


— Cuñado, o te callas o hago que Sam te calle. — Se rifan golpes, Marissa ya tiene varios números.


— Me gustaría ver como hacen eso.


— Y… — Dijo Marissa guiñando un ojo a Ryan y, afortunadamente, me llamó mi papá desde el auto y me fui sin decir una palabra.


— Gracias, papi.


— ¿Qué hice ahora?


— Yo me entiendo… Bueno, ¿Qué pasa? — Al decir esto mi padre me abrazó.


— Te quiero, hija. Y te voy a extrañar mucho. Hazme el favor de cuidarte, se que esta yendo Ryan. — Traducción: usa profilácticos.


Solté el abrazo antes de contestarle. — Gracias, papá. Sé que lo haces para cuidarme, pero soy suficientemente responsable como para saber qué hacer y…


— Ya lo sabemos, Sam. — Entró en la conversación mi madre. — Solo es un recordatorio.


— No quiero que piensen mal. No tengo en mis planes hacer nada de eso.


Mis padres se sonrieron el uno al otro y luego me abrazaron. Me hubiera gustado tener a mis hermanas aquí para despedirme de ellas también, pero me hubieran revoleado de la misma manera en que yo revoleé el despertador al momento de levantarlas.


Cuando volví la mirada a mis amigos, ya se encontraba John, o mi cuñado, como a mi me gustaba llamarlo.


— Ve. No te retendremos mas tiempo. — Dijo mi madre.


Fui caminando lentamente hacia donde estaban mis amigos y salude a John. Estaba todos muy entusiasmados con este viaje, menos yo. Me estaba muriendo de sueño, por lo que me recosté sobre la pared y casi sin darme cuenta se me cerraron los ojos mientras mis amigos hablaban. Me fui metiendo en mi propia realidad hasta que había anulado todos los sonidos de mi alrededor.


Sentí un escalofrío y un aliento caliente en mi oido.


— Necesito que la bella durmiente se despierte para subir al bus. ¿O mi bella durmiente prefiere que su príncipe la despierte con un beso? — Abrí los ojos lentamente para encontrar a Ryan frente a mi, y no fui capaz de articular palabra. Él me besó en la mejilla y se volvio a hubicar en la misma posision que tenia antes de hacerlo.


— ¿Para que hiciste eso? Ya estoy despierta. — Le pregunté demasiado dormida como para poder demostrar mi molestia.


— ¿Enserio? Realmente parecía que necesitabas algo que te despertara. — Era dulce. ¿Por qué yo me encargaba de rechazarlo? Para colmo me miraba con esos ojos tan perfectos, tan hipnotizantes, tan profundos. Eran de un celeste muy claro en el centro y las fibras se iban volviendo mas oscuras a medida que se acercaban a los bordes, dandole al ojo un color general similar al cielo en un dia de verano. 


Pero algo me sacó de mis pensamientos. Él me había besado la otra mejilla.


— ¿Y eso por qué?


— Para que dejes de soñar despierta con mis ojos. — Esas eran unas de las cosas que me molestaban de él. Pero no por eso dejaba de ser dulce.


Al ser solo cuatro personas de nuestro colegio los que viajábamos el bus pasó primero por nosotros que por los de otros colegios. Ya que cuantos menos somos, menos de nosotros tenemos la posibilidad de retrasarnos, y de echo, ninguno lo estaba. Salimos a tiempo.


Tal como yo había predicho, Marissa se sentó al lado de John y no me quedó otra opción que sentarme al lado de Ryan. Por suerte yo tenía sueño.


Tal vez, si hubiésemos sido mas que cuatro personas, quizá diez, abríamos ido saltando y cantando, pero al ser sólo cuatro, íbamos bastante tranquilos.


Cada uno en una ventanilla distinta íbamos saludando a nuestro padres mientras nos alejábamos. Luego, nos acomodamos en cuatro asientos, separados por el pasillo en fila. Podríamos habernos sentado uno detrás del otro de a dos, pero esos asientos son tan altos, que para los de adelante no hubiera sido cómodo.


Yo me senté en el asiento del pasillo y Marissa tambien, para tener una escapatoria a Ryan.


“Esto va a ser sensacional” Repetía Marissa. Yo sólo quería dormir.


Pasó un tiempo bastante incomodo en el que nadie hablaba. Ok, Marissa se la pasaba hablando pero habia logrado anularla de mis oidos y ella sólo hablaba con John. Sé que no le molestaba, porque ella sabía que yo estando desocupada, podría hablar con Ryan. Yo solo queria dormir.


24 horas durmiendo me esperaban. ¿Lo lograría? Yo sé que no.


— Esto es un poco mas aburrido de lo que yo esperaba. — Dijo Ryan en un momento.


— ¿Y qué esperabas? ¿Un payaso?


— ¡Que graciosa! Hablando en serio… Realmente quiero hablar contigo.


— Sam quiere dormir. — Dije en tercera persona. Ryan se sento de costado, me tomó por los brazos y delicadamente me volteó hacia él mirandome fijamente.


— Samara, no puedes evitar esto. ¿OK? — ¿Hacía falta que me diera esa mirada de sinceridad a la que yo no podía resistirme?


— OK. ¿De qué quieres hablar?


— De nosotros.


— Ya no existe ningun nosotros.


— Eso es, justamente, el centro de lo que quiero decirte. — Me quedé mirandolo a los ojos esperando que hable, pero no lo hizo. Lo que hizo fue besarme. 


Como pude me alejé de él.


— ¿¡ Acaso estas loco?! Acabo de decirte que no existe un nosotros, y ¡me besas!


— ¡OH, vamos! Yo se que te morias por hacerlo. Cada ves que te quedabas viendo mis ojos de esa manera, me besabas.


— Si, cuando eramos novios. Ahora no somos nada.


— Me equivoqué. ¿Si? ¿Estas feliz? Lo admito, me equivoqué. Fue mi culpa. Pero estoy muy arrepentido, y realmente quiero regresar contigo.


— Y, a ver… ¿Cuál fue el detonante para que te dieras cuenta que quieres estar con migo? ¿Besar a otra chica, acostarte con ella y darte cuenta que son todas iguales? Y que como son todas iguales ahora quieres de nuevo a la que ahora no puedes tener.


— Samara, basta. Me estas lastimando.


— Egocentrico.


— Bueno, esta bien. Te lastimé. Perdoname por eso. Nadie es perfecto. Me equivoqué y estoy arrepentido por eso. Yo te amo.


— Y yo te amé. Hasta que fuiste el primero en romperme el corazon. Me prometí no volver a llorar por ti. Ahora, si no te molesta, quiero dormir.


Me instalé los auriculares en los oidos, me recosté en el asiento y cerré mis parpados.


Poco a poco fuimos recorriendo colegios y el bus se fue llenando. Todos saltaban, cantaban, reian. Yo, dormia. 


De repente, sentí el una corriente de aire extraña en mi oido. Parecía aliento, pero era levemente mas frio.


— Hermosa, se te calló el papel que te envuelve, bombon. — Dijo una voz masculina. Cuando me di vuelta observé unos extraordinarios ojos verdes, tenían marron en el centro y un verde claro a los costados. Casi pierdo la respiracion. Casi.
Me dio el papel que tenía en las manos y se alejó hacia el fondo del bus.


 Al abrir el papel y leer lo que decía se me iluminó la cara.


“Tu amigo es un idiota, por favor no llores por él”


¿Cómo sabía este chico de ojos verdes que Ryan era un idiota? ¿Tan evidente era que esta situación me tenía al borde de las lagrimas?


Guardé el papel con cuidado y volví a mi plan de dormirme.


— Sami, por favor. Dame otra oportunidad. Dale otra oportunidad a esta relacion que yo se que puede llegar muy lejos.


— Ry, los dos, cuando acordamos nuestra relacion la primera vez, dejamos bien en claro, que sin confianza, no hay relacion que dure. Yo ya no confio en ti. Por mas que quiera, no eres mas que un amigo.


— Por favor. No estoy de rodillas porque no hay espacio aquí. Eres la mujer de mi vida. Quiero que seas la madre de mis hijos…


— Ah, entonces es eso. Viaje de egresados, igual, sexo sin limites. Luego volvemos a casa y vuelves con las otras que andan por ahí. Yo no soy ninguna cualquiera. Me duele que pienses eso de mi. — Me levante de mi asiento y fui al baño. Increiblemente, estaba llorando.


Me encerré allí unos momentos y al instante escuche que golpeaban la puerta.


— No quiero hablar contigo, Ryan. Ve a buscar una prostituta para abastecer tus necesidades sexuales durante estos diez dias.


— No soy Ryan. — Dijo una voz masculina desde fuera del toalet.


— OH, perdon. En un momento salgo. 


— Esta bien, no quiero el toalet. Solo quiero que dejes de llorar. — ¿Sería ojitos verdes quien me estaba hablando?


Abrí la puerta del toalet y descubri que no solo sus ojos verdes eran admirables. Tenía una sonrisa digna de una publicidad de pasta dental. Una nariz que no era perfecta, pero le quedaba perfecta. Cabello color castaño claro ondulado, que no estaba largo, pero tampoco estaba corto.


— ¿Cómo sabias que iba a llorar?


— Hola. Mi nombre es Benjamin. Me parece que esa es la manera correcta de presentarse. — Automaticamente, me sonrojé.


— Lo lamento. Mi nombre es Samara. ¿Cómo sabías que iba a llorar?


— Se te veía en la cara. ¿Quieres sentarte por aquí, lejos de ese chico, conmigo? 


— ¿Dónde firmo?




© 2011 Micaela Yori.