12 mar. 2014

Capítulo dos: Ahí, aquí, allí.

Buenas buenas! Como siempre saben que tardo pero en algún momento llego. Bajo ningún punto de vista voy a abandonar esta novela ya que cuando termine "Despues de conocerte" todavía me queda por escribir "La septima carta" no se habrán pensado que me había oblidado, ¿verdad?
Espero que disfruten de este nuevo capítulo en el que van a comenzar a ver indicios de todo lo que se viene en éste libro. Las quiero lindas. Mica :)




Capítulo 2

Ahí, aquí, allí.



Por supuesto que mamá no me creía ni una palabra. Ella pensaba que yo estaba siendo sarcástica y yo sí que sabía que eso pasaba por su mente.

No estaba muy segura de querer ir a la salida de Thara (como le decíamos para evitar ser todos “Sa-“), después de todo la discusión de la mesa ya había concluido con que ella iría. Ella ya estaba vestida y maquillada, mi padre no podría decirle que no en ese punto.

—Thara... no estoy segura de querer salir. En verdad, acabo de llegar y siento necesidad de descansar.

— Vamos Sam, no puedes decirme esto ahora.

— Ya estas cambiada y maquillada. Papá no te obligará a quedarte si no voy.

— Sam, realmente quiero que vengas conmigo. Hay muchas cosas que han sucedido por aquí y tengo que ponerte al día.

— Puedes hacerlo por la mañana. Voy a dormir.

— Sam... vístete. — Ordenó. — Ahora.

— No sé cómo habrán sido las cosas para ti en este tiempo que no estuve pero... ¿Sabes? Sigo siendo la mayor aquí y no me vas a dar ordenes Samantha.

— ¡Papá!

Ella siempre hacía lo mismo. No podía dejar que una discusión sea entre nosotras, siempre mamá o papá tenían que estar en el medio. Estaba tan cabreada con Samantha que solo dí media vuelta y fue a mi dormitorio. No importaba lo que ella dijera, papá siempre estaba de mi lado. Era algo estúpido de su parte haberlo llamado.

La puerta se abrió de golpe y tan rápido que casi no pude ver.

— ¡Samara, habíamos quedado en algo! — Grita Thara al tiempo en que entra mi padre y que una bocina de auto suena fuera de mi hogar.

— Lo lamento Sam, pero Thara tiene razón esta vez. — Él chasqueó sus dedos y lo único que supe después es que tenía puesto un vestido negro corto hasta un poco arriba de las rodillas y ajustado al cuerpo.

¿Papá estaba haciendo magia delante de nosotras? Esto si que era algo que nunca había sucedido pero no era eso lo que más me llamaba la atención, sino lo era que Samantha no estaba para nada inmutada. Era como si hubiera estado viendo como mamá colaba una olla de pasta antes de lo que en realidad había visto.

— Cambia esa cara, tú ya sabías que papá hace magia.

— Deja de darme ordenes Samantha.

— Te fuiste dos años sin que te importase nada, tuve que tomar el papel de hermana mayor así que mejor acostúmbrate. ¿Quieres?

Me crucé de brazos sabiendo que ella tenía razón. Me generaba una rabia incalculable que ella tuviera a nuestro padre de su lado en está pelea y que yo no tuviera nada con que contrarrestarla.

— ¿Quieres cambiar esa cara, por favor? — Thara dijo, esta vez de una considerable mejor manera y a sabiendas que lograr que yo cambie, no la expresión de sorpresa sino la de enojo.

— Si no tengo más remedio.

— Perfecto. — Dijo con una gran sonrisa. Y chasqueó sus dedos. No estaba segura de lo que había hecho hasta que pude ver mi rostro en el espejo. Ella me había maquillado. Ella también dominaba la magia. Ella era una bruja. — Vamos, ya llegó el taxi.

Me tomó del brazo y me arrastró por la casa. Subimos al auto y ambas sabíamos que no tendríamos mucho tiempo para hablar, puesto a que el taxi primero pasaba por nosotras y luego iba a por sus amigas. Y no sólo eso sino que teníamos que hablar en código por el pequeño inconveniente de que el taxista podría oír todo lo que decíamos.

— ¿Cómo es que...

— ¡Sam! — Me reprendió con una significativa mirada refiriéndose a lo que yo acababa de pensar. Sinceramente no me importaba, luego podríamos borrarle la memoria. Oh, dios... ya me estaba acostumbrando a controlar a la gente.

— Eso no es un problema. Luego lo arreglo. ¿Cuándo comenzaste con esto? ¿Sabes que hay responsabilidades, verdad?

— Cállate. — Dijo realmente exasperada. — ¿No sabes guardar un secreto?

— Te sorprenderías. — La tomé de ambas manos y la mire directo a los ojos intentando inspirar confianza. — Ahora, Thara, explícame qué es lo que ha sucedido.

— Pasaron tantas cosas que ni podría enumerarlas. — Dijo evitando mi mirada al dirigir su vista a la ventanilla. — Todos estamos cambiados, Sam. No puedo ni comenzar.

— Mamá sigue igual que siempre. — Observé.

— Mamá no está igual que siempre... ¿Cómo no puedes verlo?

— Regresé hace tan sólo un par de horas.

— Está muy dolida contigo.

— ¿Cómo?... ¿Por qué?

— Desapareciste, Sam. Todos sabemos que eras su preferida y te fuiste sin darle una verdadera razón. Ni a ella ni a nadie.

— Estaba buscando a mi verdadero amor. ¿No es suficiente razón?

— Es ilógico, Sam. ¿Por qué buscarlo alrededor del mundo? ¿Cómo estas tan segura que no está a la vuelta de la esquina?

— Sería improbable. Puede estar en cualquier parte del mundo.

El auto paró en una hermosa casa de techos altos con ventanas de vidrios repartidos.

— Esta es la casa de Megan, debemos dejar de hablar de estas cosas.

— ¿Y de qué quieres hablar, dulce hermana? ¿De mi maquillaje?

Me dio una significativa mirada mientras pensaba en una respuesta pero Megan entraba en el auto por lo que solo desvió su mirada a la ventanilla.

— Hola, Thara. Tu debes ser Sam. ¿Verdad? — Solo contesté meneando la cabeza. No estaba de humor para esto en verdad. — Tenía tantas ganas de salir, se me estaban llenando los pies de telarañas por no bailar. — Rió algo nerviosa, ella se daba cuenta de la tensión que había en el ambiente. — Ya quiero llegar al show.

— ¿Show?

— ¿Thara, no le dijiste del show?

— En mi casa no saben nada del show. Debía mantener una imagen.

— ¿Cuál show, Thara?

— Es un show muy entretenido, ya verás. — Dijo al tiempo que ella y Megan se daban una significativa mirada.

El taxi volvió a parar pero esta vez en la puerta del boliche. No es que yo tuviera mucha noche, pero parecía cerrado y era algo temprano todavía. Era un lugar muy grande, con un gran muro lleno de publicidades. “Solo Mujeres” decía uno de ellos y tenía una foto de un musculoso hombre. Pero lo que más llamaba la atención de todos los carteles era el que estaba encima de la puerta de entrada, una enorme y tentadora manzana, y rojas letras brillantes que nombraban al boliche como “Eros” que, si estoy en lo cierto, era el dios griego para la atracción sexual, la fertilidad y el amor.

— ¿Un show de strippers, Thara? ¿Desde cuando vienes aquí?

— Algún tiempo.

— ¿Con que necesidad? Vamos, eres hermosa. No necesitas ir a un show para ver penes. — Ella rió.

— Por eso mismo es que nuestros padres no saben nada.

— No es sólo un show para ver penes. — Intervino Megan. — Es realmente divertido.

— No lo puedo creer. — Dije rodando los ojos.

— ¿Acaso a ti te gustaría que te tomen como senos y trasero? — Dijo Thara mostrando enojo. — Ellos no son solo grandes penes. ¿Sabes?

— Oh, por dios. Ya lo entiendo... Te enamoraste. ¿Verdad? Estas enamorada de un stripper. Y mamá me trata de prostituta a mí. — Dije algo indignada. — Y no puedo creer que me hayas obligado a venir.

— Papá me obligó a traerte. Así que, por favor, cambiemos la noche. Seamos las hermanas que siempre fuimos.

Hubo un silencio incomodo. Thara ya no insistía, Megan aún no comprendía la situación y yo por mi parte sostenía el puente de mi nariz tratando de no avergonzarme de mi misma por el lugar al que estaba por entrar.

Nosotras habíamos llegado primeras pero con el pasar del tiempo se hacía una fila cada vez más larga.

— Oye, Sam... — Dijo Megan y no continuó hasta que dirigí mi mirada a ella. — Entiendo que no te guste este lugar pero... ¿eres monja o puritana o algo de eso? — ¿Acaso ella intentaba exasperarme?

— ¿A qué te refieres? — Dije sin ocultar lo poco que me gustaba hacía donde iba esa conversación.

— No es nada en contra de ti pero... ¿Acaso te viste tu padre? — Realmente me sorprendió lo que decía hasta que bajé la vista y miré mejor lo que tría puesto. Claro que me había vestido mi padre, por eso el vestido no tenía ningún tipo de escote sexi y el lago era el mismo al que sentencian los colegios católicos que deben estar las faldas, cuatro dedos por encima de las rodillas. Ella estaba bromeando con ello, me hizo bajar la guardia y yo también sonreí. — ¿Thara, me ayudas aquí? — Thara sonrió con complicidad y se quitó el prendedor de su cabello, el cual tenía una punta bastante pronunciada. Colocó dicha punta en el centro de mis senos y miró a Megan pidiendo aprobación. — Es demasiado. — Lo subió tan solo un poco y en un movimiento de muñeca le abrió un profundo escote al vestido, lo único que faltaba era qué el mismo se estire por lo que puso ambas manos al costado de mi cintura y tiró de la tela para que se estire donde ella quería. Luego frunció la prenda por mi cuerpo, al ser negro no se notaba y al ser ajustado no caía. Eso lo acortó. Prosiguió dándome vuelta y haciendo unos cuantos tajos más en la espalda... decía que era un toque más rockero. Y para terminar Megan sacó de su bolso un collar largo que probablemente llegara hasta debajo de mi busto de bronce y con un dije grande muy particular. Alas.

— Escucha, Sam. Cuando abran las puertas y entremos primero hay que caminar por un sendero entre el bosque. Luego, cuando llegamos a la verdadera puerta del boliche, esta solo es la puerta del muro, habrá dos filas. Ahí es donde nos separamos.

— ¿Por qué?

— Porque nosotras somos V.I.P. y no pagamos entrada. Tú sí.

— ¿Cómo es que son personas importantes aquí? ¡Oh, Thara! ¿No me vas a decir que trabajas aquí, verdad? — Ambas rieron.

— No, Sam. — Dijo entre risas. — Sólo hay que hablar con la gente correspondiente. — Fruncí el entrecejo ella continuó sonriendo.

Al fin abrían las puertas, la espera había parecido interminable. Tal como Thara lo había descripto, caminamos por un sendero entre el bosque. Cada arbol, cada planta, cada arbusto tenía luces que lo alumbraban de distintos colores. Azul, verde, rosa, rojo, violeta, una gran idea debo admitir. Quedaba sensacional.

El boliche tenía un nombre de un dios griego, debía rendirle honor. La entrada principal tenía grandes columnas al mejor estilo del olimpo y todo estaba iluminado con invisibles luces azules y arriba donde usualmente hay una guarda de vasijas u hombres desnudos, estaba nuevamente el cartel con el nombre del lugar.

Al entrar todo seguía con el estilo. Era una pequeña habitación de unos tres metros de ancho y cinco de largo. Sobre una de las paredes estaban las cabinas que venden entradas y la que la enfrentaba era una pared de vidrio que dejaba ver el bosque de luces brillantes. Se respetaba bastante a la arquitectura greco-romana pero a la vez tenía un toque moderno.

Pagué por la entrada, se la dí al guardia pero no la agarró.

— Esta bien, sólo tienes que mostrármela. Si me la das, te quedas sin consumición.

Me resultó extraño pero igualmente pasé. Dentro había una gran pista rectangular que usualmente se usaría para bailar pero en ese momento estaba llena de mesas para disfrutar del show. En el centro había una tarima rectangular con un telón al costado de uno de los lados más pequeños y la gran barra de licores al otro. Las luces eran bastante bajas, típicas de boliche y la música tranquila y baja, más bien como lo son en los bares.

Miré por encima de las personas que iban llegando y vi a dos que movían sus manos. Thara y Megan. Me acerqué hasta la mesa que ellas habían escogido... ¡Era demasiado cerca de la tarima! Debí haberlo imaginado, ellas se hubieran sentado sobre la misma tarima si las dejaran.

Nos sentamos las tres mirando a la tarima. Megan se colocó a un costado de la mesa, Thara que era el contacto común se sentó al medio y yo al otro costado.

— Yo no me quiero sentar aquí. — Dijo Thara.

— Es lo que te toca, Thara. — Contrarrestó Megan.

— ¿Quieres que cambiemos de mesa?

— Ella no se refiere a la mesa, se refiere a la silla. — Aclaró Megan, pero yo continuaba sin comprender.

— Ten mi silla. Me da lo mismo a mí.

— No, no, no, no, no. — Continuó Megan. — Hoy nos toca así. A ti ahí, a mí aquí, a ella allí. ¿Verdad, Thara?

No comprendía las razones del ahí, aquí, allí pero tampoco estaba de demasiado ánimos como para preguntar.

— ¿Y qué es esto de una consumición? — Pregunté mirando el papel que me dieron en la entrada.

— Esto funciona así. — Comenzó Thara. — Para entrar, tienes que pagar la entrada.

— Pero aquí ellos te compensan.

— ¡Y te dan una bebida gratis!

— ¿Cualquier cosa?

— Tampoco son tan buenos — Bromeó Megan y todas reímos.

— Puedes pedir agua mineral, un vaso de gaseosa o un chop de cerveza.

— Pero si juntas dos...

— ¡Te dan un champagne o vino espumante!

Nos sentamos hablando de tonteces por un gran rato. Los mozos iban y venían, pero tanto Thara como Megan me aconsejaban pedir la consumición más tarde. También había pizza libre, nosotras ya habíamos cenado mas tomamos una porción cada una para no despreciar. Entonces Megan comenzó a hacer algo que llamó mi atención. Ella tomaba una servilleta y la ponía encima del queso de la pizza.

— ¿Megan, qué haces?

— Mira la servilleta. — La extiende y me la muestra tomándola tan solo de una punta. — ¿Ves lo aceitosa que puede ser una simple porción de pizza?

— Pero eso es lo que la hace sabrosa.

— Venimos a este show cuatro veces por semana. Si me dejará llevar... no quiero ni pensarlo.

Ella era... superficial. Esa es la palabra que buscaba. Muchas bromas, mucho cuidado del cuerpo. Comenzaba a caerme mal.

— ¿Y cuándo va a comenzar el show? — Pregunté, ellas se miraron cómplicemente.

— ¿Acaso son ansias lo que escucho? — Preguntó Megan.

— ¿Cómo pueden traerme a ver penes? — Me imitó Thara dramatizando e utilizando una falsa indignación. — Penes, penes, penes... ¿Dónde están los penes? — Gritó sobrepasada en la dramatización y con un toque de locura bastante gracioso por lo que no pude evitar reír y al igual Megan. Algunas mujeres de las mesas contiguas la miraban, pero a ella no parecía importarle.

Tan solo unos minutos después comenzó a sonar la voz del dj en off que decía:

*Su atención, por favor. Está prohibido filmar o fotografiar este show. Muchas gracias.

Luego un gran juego de luces y de música de suspenso anticipaban la entrada de dos transformistas, travestidos o como más les guste llamarlos haciendo playback con una canción de Donna Summer.

Uno de ellos era como una Barbie. Alto, una larga peluca rubia, labios pintados de rojo con brillos, ojos bien delineados con cientos de hermosas pestañeas bien gruesas y definidas, delgado y con curvas acentuadas. El otro era más bien lo opuesto, gordo, de cabello largo oscuro y con ondas y labios bordo. En maquillaje se parecían bastante, sólo diferenciaban los colores y en cuanto a los vestidos, ambas tenían el mismo. Era un vestido rojo escote corazón y corte sirena que obviamente les quedaba distinto pero lo llevaban con tanta actitud que eran dos divas, no importaba que fueran travestidos, eran dos divas.

— Buenas noches, mujeres, buenas noches, Eros. ¿Cómo están? ¿Bien? — Comenzó el rubio hablando rápido y con bastante efusividad. Hubo un gran silencio, ellos esperaban como estatuas a que les contestemos. — A no. Así no. Voy a volver a preguntar y espero que esta vez lo hagan como corresponde.

— Pueden abrir las piernas, de ese modo la vagina les hace eco y suena más fuerte. — Acotó el morocho.

— Buenas noches, mujeres, buenas noches, Eros. ¿Cómo están? ¿Bien? — Repitió solo que esta vez recibió un gran “Bien” del público. — Ahora está mucho mejor. Me presento ante todas, mi nombre es la Yenny y junto con mi compañera Lety les vamos a animar la noche.

— ¿Qué quieres que les animemos? Ellas vienen acá a ver hombres, nosotras sólo somos el relleno mientras ellos se aceitan todos esos cuerpos tallados a mano. — Dijo enfatizando la parte de “cuerpos tallados a mano” al tiempo que se tocaba con la mano que no sostenía el micrófono. — ¿Quieren ver hombres? — “sí” se escuchó de respuesta. — No escucho. ¿Quieren ver hombres? — Nuevamente “Sí” pero con más efusividad que antes. — Bueno, no. Con ese animo, querida, no se la paras a nadie. — Dijo mientras miraba a una rubia oxigenada que estaba muy entretenida mandando mensajes con el celular. — A ver... A ver a quién le estás mandando mensajes durante el show. — Dijo mientras se acercaba y le pedía el celular.

— Debe ser al tonto del novio — Acotó la rubia. — “hola, mi amor. Estoy en el bingo con las chicas. Llego tarde hoy” — Dijo imitando voz de niña inocente.

— ¡Pero no! Está aquí en Eros para ver penes de otros. ¿Sabes qué? Te veo cara de necesitada. Te voy a pedir una pizza. — Lety toma el celular, marca un numero y al pasar unos pocos segundos comienza. — Hola, buenas noches. Quería pedir una grande de mozzarella para la mesa tres en Eros. Muchas gracias. — Corta y le devuelve el celular a la muchacha. — No te vas a arrepentir.

Justo en ese momento en efectos de sonido hacen el ruido de una motocicleta, la bocina y luego de un timbre.

— Mmmm — Comenzó en tono sexi Yenny — Pero que eficiencia.

— Les presentamos... — Empezó Lety para que luego continuaran a dúo. — ¡El deliberymen!



Ambos se fueron de escena y todo quedó a oscuras por un momento mientras el sonido era de lluvia hasta que empezó a sonar “i love rock and roll” y un reflector apuntó al telón donde aparecía el stripper.

Estaba vestido con un pantalón de vestir negro y una camisa blanca. Sobre la camisa tenía puesto el chaleco reglamentario para motoqueros, que brilla cuando le da luz y el casco de la motocicleta tapándole el rostro. En la mano derecha tenía la caja de pizza.

Caminando al ritmo de la canción preguntó con señas a quién le correspondía la entrega y obviamente en todas las mesas se desesperaron por hacerles creer que eran ellas, por lo que él no le creía a ninguna y se dirigió a la única mesa en la cual no lo llamaban. A la nuestra.

Yo tenía ganas de meterme debajo de la mesa, pedía al cielo que me tragara la tierra pero eso no era nada comparado con lo que estaba a punto de suceder.

Él dejó la caja de pizza en nuestra mesa, me tomó de la mano y por más que le supliqué que no lo hiciera, me obligó a subir a la tarima con él. Gracias eso comprendía por qué Megan y Thara insistían con el ahí, aquí, allí, porque en el lugar donde yo estaba era más probable que me hagan subir al escenario. Una vez que estaba en el baile, no me quedaba otra que bailar aunque no fuera la música que yo prefiriera.

Me hizo sacarle el chaleco, abrir los botones de la camisa. Tenía el abdomen perfectamente marcado de tez blanca pero algo bronceado. Me tomó la mano y la puso sobre sus pectorales, acción que generó que la mayoría del público me gritara groserías. De a poco iba bajando nuestras manos hasta que se encontraron con el comienzo del pantalón y allí pararon. Luego me hizo señas para que le quitara el casco, excusándose de que toda la situación lo tenía acalorado. Se lo quité lentamente y sin mirarlo una vez que lo había echo, lo dejé en el suelo. Mi mirada continuaba baja por lo que él me tomó del mentón y me subió el rostro hasta que me encontrase con el de él, me beso tiernamente antes de que yo reaccionara a lo que estaba sucediendo y me hizo una seña para que volviera a mi lugar.



Pero yo no podía hacer eso. No después de ver quién era. Sentía que me debía mil explicaciones y a la vez no merecía ninguna. No podía creer que de todos los sitios en donde lo podía haber encontrado él este en un bar de strippers.

6 feb. 2014

Prefacio

Hola gente. Primero que nada me disculpo por la tardanza, tuve una fuga de ideas y estaba trabajando para poder dar mucho más en ésta segunda parte. Desde ya que les agradezco muchísimo el que sigan entrando al blog, cuando subí "Diferente" lo hice como costumbre, no esperaba que alguna todavía siguiera entrando. Ahora me encuentro con 3 comentarios... no se pueden imaginar mi felicidad. Si tanto me esmero en continuarla es sólo por ustedes. Yo soy lectora de varias novelas y detesto cuando las dejan inconclusas. Ésto, es para y por ustedes.

Les dejo el prefacio, supuestamente va antes del primer capitulo pero no va a hacer la diferencia que lo lean ahora.

Espero que lo disfruten :)  Mica.






Prefacio



No podía comprender lo que allí estaba sucediendo. Sabía que estaba muriendo, el dolor corría por mis venas y yo sólo rogaba que cesara.

Me sentía totalmente traicionada, confundida, abatida... pero sobre todo furiosa.

Siempre supe que había cosas que era mejor ignorarlas, no saberlas, no darles motivo a que se hagan grandes en nuestra vida. Y allí me encontraba, sufriendo de una manera descomunal por sólo saber.

Que terrible destino me esperaba, estaba todo escrito desde un principio. Yo no iba a ser importante en esta historia y por eso moría. Era mi destino. Esto tenía que ser de esta manera.

“Un momento... yo no quiero que mi historia finalice así. Yo soy una guerrera y debo luchar por lo que es mío. Yo debo recuperar lo que me pertenece. No voy a morir, no quiero hacerlo.” Pensé.

Comencé a luchar contra lo desconocido, contra ese dolor que penetraba en cada uno de mis huesos, mis músculos y mis sentidos.

Sentía mi cuerpo arder. Que sensación tan peculiar, no distinguía si era por calor o frío, sólo ardía como si mil demonios se ocuparan de ello.

Debía sacarlos de mi mente. Yo no iba a morir, no así y no por ellos. Debía pelear por mi honor, mi integridad y por mi novio.



Entonces, cesó y pude sentir nuevas extremidades en mi espalda. Había ganado mis alas y otra oportunidad.

10 ene. 2014

Capítulo 1: Diferente

Bueno, despues de un largo tiempo aca llego con lo nuevo, con lo que sigue. Si hay alguna que todavia entra, espero que lo disfrute. Mica :)


Capitulo 1
Diferente


Y otra vez estaba en un lugar que nada significaba para mí, buscando aquello que ya me estaba cansando de no encontrar.

Había ido por tanto lugares ya... lo único que sabía era que mi Benjamin seguía siendo igual en aspecto y, no era por discriminar, esto mismo me hacía descartar varias opciones.

¿Cuántas posibilidades de que una familia de pálidos con ojos claros viviera en el África? Si lo que querían era pasar desapercibidos entre los demonios, lo más sensato era hacerlo también entre los humanos.

Teniendo en cuenta al mundo entero, no era mucho lo que descartaba... pero a fines prácticos, un continente era demasiado terreno que ya no debería recorrer.

Por otro lado, buscarían un lugar con buena medicina intentar revivir a su hijo. O es lo que se supone.

Cuba, China, USA, incluso algunos países latinos. Pero al pensar en este ítem caía otro a consideración. ¿La familia de Benjamin sería una familia bien acomodada económicamente hablando o más bien sería humilde? Porque esto determinaría también a qué tipo de medicina pudieran acceder.

Podrían querer a los mejores médicos del mundo para su hijo, pero sin dinero, jamás lo lograrían. Si eran más bien humildes, accederían a la mejor medicina gratuita que consiguieran. Pero si tenían algo de dinero, no escatimarían en gastos.

Pero tampoco sabía eso. Las anteriores dos cuestiones eran de las que debía considerar, pero no me daban mas que probabilidades.

Lo que también debía pensar, era que la familia de Benjamin de algo estaba enterada. No sabía en qué punto, a qué profundidad o cuánto creyeran en eso pero si el nuevo Ben tenía el conjuro de protección quería decir que sabían sobre los demonios.

Dependiendo de cuanta verdad les contara el brujo, y cuanta de aquella verdad ellos decidieran creer y confiar desencadenaba en cuanta importancia le darían estos desesperados padres a la medicina.

Genial... otra vez con sólo un continente menos y algunos países con algunas más o menos posibilidades de ser el hogar del alma de mi amor. No era mucho, pero era mejor que nada.

Si había algo que realmente me motivaba era que “el verdadero amor siempre se encuentra”, y tenía el testimonio del creador de la religión católica apostólica romana que lo apoyaba.

No sabía cómo buscarlo pero confiaba en que nos encontraríamos, tenía fe en ello. Realmente lo deseaba y era a lo que me afianzaba, era lo que me mantenía en pie y me daba fuerzas para seguir paseando por el mundo sin rumbo fijo en realidad.

¿Por esto mismo había pasado él buscando a mi reencarnación?

Cuando supe que él me manipulaba, en un primer momento, me había sentido molesta, estúpida, ingenua y pequeñita. Al instante intenté entenderlo y hasta logré perdonarlo pero no era hasta ahora que estoy en la terrible misma situación de encontrar a la reencarnación sin memoria de mi verdadero amor y tener que enamorarlo, que realmente llego a comprenderlo. Inclusive lástima sentía por él... Yo sólo llevaba un poco menos de dos años con esta búsqueda y ya estaba volviéndome loca. Benjamin me había buscado durante 17 años desde que nací y valla a saber quién, cuanto desde que morí.

Tenía un vacío imposible de llenar, de soportar. Me fastidiaba. La mayoría de tiempo me odiaba a mí y al mundo, hasta al aire que respiro, a esta estúpida situación. Detestaba tener que cargar conmigo.

Pero si me permitieran modificar mi pasado, no cambiaría nada. Yo podría elegir vivir una vida normal, incluso sabiendo de la posibilidad de nunca encontrar a Benjamin actuando de ese modo. Podría hacerlo en este mismo momento, sin cambiar el pasado, elegir dejar toda está loca novela y que no sea más que un alocado sueño de amor que me cegó por dos años pero que nunca terminó de desencadenar.

Una historia digna de contarle a los nietos, pero sin una buena moraleja.

Creo que realmente consideré esta posibilidad algún tiempo, más todavía cuando al compararlo con la alternativa en la que lo busco desesperadamente e igual cabe la probabilidad de no encontrarlo nunca. Incluso queriendo creer en la cursi frase de amor que anteriormente cité... ¿Y si nos encontrábamos cuando alguno de los dos estuviera agonizando y no teníamos mas de cinco minutos de amor? Mi vida y mi felicidad de tantos años habrían sido sacrificadas por trecientos segundos que ni siquiera serían de amor, recordemos que él está sin memoria y, por lo tanto, conocimientos de nuestra historia. Significarían un doceavo de hora de autocontentamiento por haberlo encontrado y luego la muerte.

Parecía que las tenía a todas en contra, ni una a favor. Y para colmo, mucho tiempo libre para pensarlas y así destruir mi autoestima.

Pero, volver a una vida normal: estudiar, trabajar... compartir el tiempo con otras personas y así encontrar a un nuevo amor, que quizá no sea del verdadero pero que me contentara, no tenía demasiado atractivo considerando que la amistad de demonios podría lograr todo lo que cualquiera se propondría lograr con trabajo o estudio. Entonces... en dónde encontraría a ese amor que me contentara si el trabajar o estudiar ya nada significaba para mí.

Con mis amigos demonios podía tener lo que yo quisiera, en cualquier momento y sin un esfuerzo muy grande. En el momento en que me encontrara con Benjamin podría tener la casa que quisiera, en el lugar que yo quisiera, con el trabajo que se me ocurriera e inclusive sin trabajar si así se me antojaba. Podría vivir del amor el tiempo que tuviera ganas y tener hijos cuando de eso me canse, incluso tener dos labradores Golden retriever educados y tranquilos en el gran patio del fondo de mi mansión.

¿Tienen la imagen mental? Amor, familia feliz, mansión, jardines de rosas, perros. Era una propuesta realmente muy tentadora, debo admitir. ¿Podría pedir más? Claro, si algo más se me ocurriera se los podía pedir también.

Tenía que tener todo en cuenta, los pro y también los contra. En los momentos depre prefería aferrarme a los pro y lo momentos de fe a los contra luchando por mantenerme realista.

Estaba en medio de un tornado de posibilidades arremolinándose en mi cabeza. Había tantas y con tantas combinaciones que ya prefería ni pensarlas.

Recordaba constantemente aquellos momentos del viaje en los que quería dormirme y despertar cuando todo hubiera acabado, cuando las respuestas estuvieran allí para mí, cuando ya no tuviera que esperar por nada ni nadie para ser feliz... la diferencia entre ese momento y el que estaba sucediendo radicaba en que en uno lo que me mataba era la incertidumbre, la curiosidad y en el otro era justamente lo contrario, el saber todos los caminos posibles, todas las bifurcaciones, todas las ramas de aquel árbol.

Al final de cuentas, lo que decidía iba más por el corazón y los sentimientos que por la razón. Decidía continuar con esa búsqueda a pesar de todos los impedimentos, a pesar de todas las posibles cartas que me podían tocar en éste, el juego del amor, no eran las más sencillas para jugar y salir victorioso.

Aunque pensándolo bien, nunca había tenido una buena mano, siempre debía ganar el truco con un 3 y dos 5... Difícil, pero no imposible si sabes cuando cantar el Truco. Que lindo sería tener un as de espadas y así ganar la partida cuando nadie lo esperaba.

El viento frío golpeaba contra mis mejillas, ponía colorada mi nariz, revoloteaba mis cabellos. Me gustaba esa sensación ya que me recordaba a las montañas, a la nieve, aquello que relacionaba con el amor... distinto al parque de flores en primavera típico en que el grueso de la gente relaciona con dicho sentimiento.

Las cosas en mi vida tienden a ser algo mas retorcidas que en el normal del mundo y desconocía la verdadera razón de mi suerte. Si consideramos al Karma... yo no había hecho nada en esta vida que me llevara a esta situación. Era mi destino.

Aquel puente veneciano ya comenzaba a aburrirme, observaba a cada persona que pasaba pero no miraba a ninguna. Lo buscaba en cada rostro, en cada hombre, en cada ser. Me perdía en cada persona errónea, en el horizonte, en mis pensamientos. Escuchaba voces hablar a mi alrededor, el mundo no dejaba de girar ni el tiempo de correr, pero allí estaba yo como si nada pasara con mi mirada ida sin que me importaran los días del mes ni el futuro que me daría de comer.

“Era tan buena chica...” decían las malas lenguas de la familia, “estudiosa...”, “aplicada...”, “ahora vive de viaje con valla a saber el dinero de quien...”, “lo que dará a cambio por ello...”

Me trataban de prostituta... si tan sólo supieran quizá hasta me regalarían su maldito pellejo y se cortarían la lengua antes de volver a hablar mal de mí. Que pensándolo bien es lo que deberían hacer como familia... Apoyarme sin pensar en el camino que yo elegía, sin importar cuan zorra me hicieran mis decisiones.

Si yo eligiera bailar en el caño por las noches... ¿Cuál era su maldito problema con ello?

Para colmo no era el caso, y yo era más honrada y correcta que muchos de esa familia de habladores, de esa mugrosa gente que tenían lasos de sangre conmigo gracias a mi madre, los normales, los chismosos.

Ahora que sabía el secreto de mi padre había comenzado a prestar más atención a mi abuela y a mis tías por parte de mi padre, todas ellas tenían al menos una verruga. Dato curioso considerando que sólo mi padre era el verdadero brujo, mis tias solo curaban dolores pequeños como dolor de cabeza, descompostura de estomago y hasta quemadura. Siempre habia pensado que no hacían nada y que todo lo que funcionaba era la psicologia. El adolorido piensa que esta curado y el dolor cesa. Pero ahora veía que había cierto poder en ellas.

— ¿Cómo puedo hacer para llamar tu atención? — Dijo un chico mientras se acercaba a mí. Tenía el cabello medio largo, con flequillo y algunas canas. Ojos marrones, altura normal. — Ya me he parado delante de tu mirada, sin que tu me vieras. Ya he bailado la conga en el medio del camino, una multitud paró a mirarme menos tú. — Yo lo miraba con una expresión difícil de explicar pero no paraba de pensar “Sí, campeón. Nada de lo que hicieras me iba a llamar la atención a menos que tuvieras esos ojos verdes que yo necesitaba encontrar” — Ya, Madeleine. No seas tan difícil, ¡como te gusta llamar la atención y tener a todos detrás de ti, eh!

— Me llamaste Madeleine. — Dije extrañada.

— ¡Por supuesto! ¿Cómo quieres que te llame?

— ¿Quién eres tú?

— Vamos, Madds... Tú sabes quien soy, no sigas jugando.

— Yo no soy Madeleine.

— Claro que sí eres Madeleine, reconozco tu alma.

— Soy la reencarnación de Madeleine. — Hice una pausa dramatica y aprecié la sorpresa en su rostro para entonces poder seguir. — ¿Tú quién rayos eres?

— Pero... — Elevó su mano y la pasó delicadamente por mi mejilla. — Sigues siendo... Maddie, no me gusta que hagas estos chistes.

— ¡Que no soy Madeleine! — Dije al momento en que me levantaba y me iba algo enojada.

— No pudiste haber muerto.

— No sé quién eres y no te pienso contar la historia de mi vida.

— Soy Ellio. — Dijo al momento en que posaba al estilo Peter Pan. Me limité a mirarlo y al momento continué caminando. — Aguarda, no te vallas. — Se puso delante de mi camino. — ¿De veras no me reconoces?

— No soy Madeleine. Ella tal vez sí te hubiera reconocido, yo no sé quien eres. — Expliqué mientras me cruzaba de brazos.

— Soy Ellio, tu amigo. Solía salir con Hanna, nuestros mejores amigos eran Lance y Amy, tu estabas con Coraline la ultima vez que te ví.

— Estás un poco desactualizado.

— ¿Qué ocurrió? ¿Hanna está bien? Ella no habrá... — Se le descompaginó el rostro.

— No, ella no murió. — Volvió a la normalidad. — La amas. ¿Verdad?

— Desde siempre.

— ¿Y qué ocurrió?

— Madds, tú estabas allí.

— ¡Que no soy Madds! ¿Tanto te cuesta entenderlo?

— ¿Cuál es tu nombre ahora?

— Samara.

— Sam... ¿Te puedo decir Sam, verdad? — Asentí. — Celos, eso sucedió. Ella es muy desinhibida y yo no lo pude soportar.

— La desinhibición es la mayor característica de Hanna. Si la amas a ella, tienes que amar eso de ella tambien.

— El verdadero amor siempre se reencuentra. Si ella es mi verdadero amor o si la frase es real, nos volveremos a encontrar.

— Ese es un pensamiento bastante histerico en estas circunstancias.

— Déjame disfrutar de mi parte femenina.

— ¿Disfrutarla? Odio cada segundo lejos de Benjamin. Si así es como haces sentir a Hanna podría matarte en este mismo momento.

— Exacto. Eso quisiste hacer hace 100 años. — Dijo con una sonrisita idiota mientras yo bufaba. — ¿Dijiste Benjamin?

— ¿Qué demonios estas haciendo aquí Ellio? — Dijo Lance con un tono bastante enojado.

— Lancelot, viejo amigo.

— ¿Ya maduraste?

— Caí aquí de mera casualidad.

— No respondiste a mi pregunta.

— Si el maldito dicho que parece ser cierto lo es, haré bien las cosas con Hanna esta vez.

— Primero debes conseguir que ella te perdone.

— Lance, creo que voy a mi casa... extraño a mi padre, y a mis hermanas. Realmente no creo que tenga mucho que ver en esta disputa.







Todo se veía normal en casa, quieto... igual. Todo seguía igual a pesar de ser tan diferente. Samantha había terminado el colegio, no podía creer todo el tiempo que había pasado y Sabrina no dejaba de sorprenderme, había dejado de lado la timidez de la niñez y entraba en el descaro de la adolescencia pura. Papá me miraba extraño por momentos, como si ya no fuera yo. Él pensaba que yo no lo notaba pero estos dos años de búsqueda me habían echo ponerme mucho mas observadora. Y mamá... bueno, mamá seguía cocinando y contando las típicas chismerías de familia.

— ¿Podemos tener una cena libre de problemas ajenos? Sam acaba de volver, no hagamos que se vuelva a ir. — Dijo Sabrina sorprendiéndome, ella no solía emitir mas de media frase de monosílabos en público y mucho menos enfrentándose con alguien pero definitivamente nunca si ese alguien era mamá. Se me abrieron los ojos de par en par.

— No me vuelvas a hablar así, jovencita. Ve a poner la mesa que ya estará la comida. — Ordenó, ambas se miraron desafiantemente pero al final mamá ganó y Sabrina bufó mientras se iba. — Como te decía, el tío Ralph ya no nos habla. No nos quiere creer que su mujer lo engaña... ¡Pero se nota a la legua que así lo hace!... — Comencé a sentir un aroma extraño.

— Mamá... — Interrumpí.

— ...Ella se acuesta con el vecino ese que tiene y creo que también lo hace con el hijo del vecino.

— Mamá...

— Vieras que apuesto que es el hijo del vecino del tío Ralph, seguro te gustará... bueno, si es que algún día el tío Ralph nos vuelve a invitar a tomar el té.

— ¡Sarah! — Grité esperando que me prestara un poco de atención. Supongo que la mayoría de nosotros estábamos distintos en casa. La sorpresa llegó hasta a asustarla y dejó caer el vaso que tenía entre manos el cual acabó en pedazos.

— ¿Qué quieres Samara?

— ¡El pavo, mamá, se está quemando! — A mi madre jamás se le había pasado de cocción la comida, ni hablar de que se le queme. Obviamente esto era obra de algún demonio aburrido, me hubiera gustado confrontarlo pero papá había dejado claro que mamá no debía saber nada. Rodé los ojos frustrada. Rápidamente, Sarah, solucionó el inconveniente quitando la parte quemada del pavo.

— ¡Ya está la cena! — Gritó a la familia para que fueran a la mesa.





Todos los comensales estábamos listos, con nuestros estómagos vacíos en la mesa esperando al pavo quemado de mamá. Al llegar, papá y con todo el protocolo de una gran cena, comenzó a cortar el animal y a repartirlo entre todos. Una vez listo comenzamos. Añoraba el sabor de la comida de mamá, no se le sentía sabor a quemado ni mucho menos, estaba exquisito, como siempre. Disfrutaba cada bocado como nunca lo había echo.

— ¿Quieres de una vez dejar ese teléfono, Samantha? — Dijo papá algo bastante molesto.

— Estoy arreglando para salir con mis amigas por la noche, padre. Si no lo hago ahora luego no me quedará tiempo para prepararme.

— No, señorita. Usted no va a ir a ningún lugar y menos con esa actitud.

— Pero...

— Pero, nada.

— Papá, — intervine. — acabo de llegar. Sin discusiones, déjala salir. — él me seguía viendo extraño.

— Esta bien. Pero llevas a Sam contigo.

— Yo no quiero ir.

— Si no va una no va ninguna.

— Sam, por favor. Por favor. Por favor. Por favor.

— Estoy agotada del viaje. — Patrañas, el teletransporte no cansa ni un poco.

— Por favor. Por favor. Por favor. Por favor.

— ¿Te callarás si te digo que sí?

— Por favor. Por favor. Por favor. Por favor.

— Ya cállate. Iré contigo.

— Siiiii! Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias. Gracias.

— Si no te callas no voy a ninguna parte. — Y entonces, silencio. Hasta se escuchaba el cantar de los grillos através de la ventana.

— ¿Me cuentas de tu viaje, Sam? — Rompió el hielo la pequeña Sabrina.

— Claro, estuve por todo el mundo en un lugar más bonito que el otro. Primero visité china, caminé por la muralla. Luego fui a Cuba, las playas son hermosas, paradisíacas. Despúes me aventuré por Europa...

— ¿Y cómo lo hiciste sin dinero?

— Eh... — Quedé petrificada con la pregunta, jamás lo hubiera imaginado de Brinie. Y me mantenía en esa petrificación al no saber qué contestarle.

— Porque la tía Mary y mamá hablaban de eso el otro día. — Ahora lo entendía. A Sabrina no le hacía ninguna gracia que nuestra madre hiciera de los problemas familiares la novela preferida de sus allegados. Miré a mi madre la que de repente estaba muy concentrada en su plato de comida.

— ¿Qué decían, Sarah? — Suelo llamarla por su nombre cuando me enojo.

— Pues... Que es impresionante que duraras dos años lejos de casa, con tan solo unos pocos ahorros, viajando por el mundo entero.

— ¿Qué puedo decir? Sé administrar el dinero.

— Es que no se trata de administración. Simplemente no es posible... a menos que consiguieras el dinero de alguna manera que no nos quieres contar.

— ¿Me estas tratando de ladrona o prostituta?... ¿Sabes qué, Sarah? Soy narcotraficante. Por eso el dinero, por eso el viaje. ¿Te sirve esa respuesta? — Hace tiempo venía acumulando ese odio a quienes hablaban sin razón.

— Samara Williams, ese no es tono de hablarle a tu madre. Pídele disculpas. — Ordenó mi padre parándose con autoritarismo y golpeando la mesa con ambas manos abiertas a la vez. Quedé perpleja por un momento hasta que pude encontrar las palabras en mi cabeza nuevamente.

— No hay verdad, que pueda saber , que la conforme. — Respondí a mi padre y luego me dirigí a mi madre. Ella nunca podría llegar a creer ni media palabra de todo lo que estaba por decirle. — Me teletransporté de continente a continente, manipulé gente para que me dieran lo que necesitaba gratis y sin darles nada a cambio, ya quisiera yo haber estado con la única persona que tengo en la cabeza... pero está muerto. Así que disculpa, madre, si no quería darte todos los detalles.



Me levanté de la mesa y me fui a mi cuarto. Una lagrima rodaba en mi mejilla, recordar a Benjamin nunca me hacía del todo bien pero estaba peor si lo olvidaba.

18 jul. 2013

Epílogo

Despues de tanto tiempo, e aqui el epilogo...



PROXIMAMENTE... LA SECUELA! "CONOCIENDOTE DESPUES DE CONOCERTE"





Epílogo





Hacía tanto tiempo que esta búsqueda había comenzado que ya casi ni recordaba por cuantos lugares había pasado.

Era revisar cada pequeño rincón del mundo esperando encontrarlo, tener nuevamente sus ojos verdes encima de mí y así poder continuar con el amor que habíamos dejado en stand-by aquella fría tarde de invierno.

Había logrado hacer una coraza de mi misma gracias a las tantas lagrimas caídas en son de la decepción de no encontrar a Benjamin, o como sea que se llame ahora.

Para colmo eso... ni siquiera sabía su nombre. Sólo podía encontrarlo por su apariencia, por el calor de su alma... ¿Cómo rayos se supone que puedo ver su alma si soy tan solo una humana?

Lance, Hanna y Amy ayudaban en todo lo que podían, pero el conjuro no les dejaba muchas opciones. Tenía que ser yo, y tan sólo yo, la que lo encontrara.

Ya ni sabía en cuantos lugares había buscado ya, pero de seguro en el lugar que yo estaba en ese momento él no iba a estar.

Ya dos años habían pasado desde aquel viaje, y sólo por cansancio Samantha logró hacerme salir nuevamente por la noche. Yo realmente no deseaba estar allí... ver hombres que sabía que no iban a ser los que tendrían dentro al amor de mi vida, me repugnaba. Pero allí estaba, viendo pasar uno tras otro con la misma cara de aburrimiento y pensando en todo lo que he mencionado anteriormente.

Hasta que en un momento dado comencé a sentir escalofríos. Ya había aprendido a no ilusionarme con esa sensación, lo más probable era que hubieran bajado la calefacción o algo por el estilo. Tan sólo me abrigué, pero entonces comenzó el palpitar de mi corazón. No quería entusiasmarme, no debía hacerlo... ¿Cuan probable era que la reencarnación de Benjamin estuviera en la misma ciudad en la que mi familia vivía? ¿Es que el destino siempre se esmeraría en poner las cosas en el último lugar en donde las buscarías?



Entonces, verde. Y lo supe, era él.

22 jun. 2013

Capítulo veintiuno: Las cartas

Bueno gente, aquí el capítulo final. No se olviden que todavía falta el epilogo!

Quiero agradecer a todos los que me han acompañado hasta éste final. Agradecer particularmente a Pabli, a Berni, a Raynee... que son los que siempre estuvieron al pie del cañon no sólo leyendo y comentando sino tambien ayudandome con la historia.

Gracias a todos, enserio. Gracias.
Mica.



Capitulo 21

Las cartas










Y entonces aquel vacío comenzó, aquel vacío con el que aprendí a vivir. Benjamin murió ese día, yo lo maté indirectamente. Esa era la razón por la que no podía saber toda la verdad... Coraline lo había creado y al matarla, también lo mataría a él.

Por su puesto que si hubiera sabido que así culminaría, nunca lo hubiera hecho. Tal vez por eso Coraline me había logrado matar en primera instancia, cuando mi nombre era Madeleine y lejos estaba de no conocer la realidad. Me dejé matar, por decirlo de alguna manera.

Recuerdo aquel día como si fuera hoy mismo y se me eriza la piel. Desearía poder volver a sentir ese escalofrío tan particular que Benjamin lograba generar en mí. Pero sé que es tan solo un deseo que jamás podré saciar.

Él reencarnaría en un humano, pero yo no sabía en donde, ni cuando. No sabía por donde comenzar a buscar ni a quien recurrir. Sin contar que todavía debía esperar los nueve meses de embarazo.

Ese día tuve un colapso mental y una rabia tan grande que había logrado alejar a mis amigos demonios de mi, o eso creía. A partir de ahora decidí manejarme sola, para así no dañar a nadie más que a mi misma.

Todavía quedaban varios enigmas que develar pero al no tener el sostén de mi amor incondicional, Benjamin, y no saber cuando podría aparecer, estaba completamente devastada.

Luché profundamente conmigo misma y logré recordar todo lo que habían borrado de mi memoria. Utilicé un poco de la misma hipnosis que él me había enseñado y los encontré... todos mis recuerdos estaban allí listos para que yo los reviviera con mi imaginación la cantidad de veces que quisiera.

Benjamin en nuestro primer encuentro me había dicho que tenía 78 años, pero a los 17 es que fue transformado... eso quiere decir que tardé aproximadamente 61 años en reencarnar. ¿Cuánto tiempo tardaría él en hacerlo?

Ya pasaron dos largos y sombríos meses desde que regresé a casa y todo lo que he hecho es llorar y quedarme encerrada en mi cuarto. Me he alejado de Marissa que por más que ella había querido entenderme, nunca lo lograría siendo humana. Exactamente lo mismo ocurrió con mis hermanas.

Comencé a comer únicamente cuando moría de hambre, a dormir cuando los ojos me ardían de tanto llorar.

“La verdad es que no hay una verdad”, leí en una pared de la ciudad. ¿Habrá sido una virtud o casualidad?, Y sentí inquietud de estar a merced de tanta sed de dualidad. ¡Que barbaridad! ¿Estaré soñado? Me visto despacio si estoy apurada. Tomo para olvidar que el doctor me prohibió tomar. ¡Y gracias a Dios soy atea! Busco respuestas y encuentro preguntas.
Y no hay contradicción, dije que me equivocaría, y como me equivoque, tuve razón, perdón. Si mi mente queda en blanco veo todo negro. Escucho el himno a la alegría y me deprimo, no me alegro. “El ocio no le deja tiempo para nada” repite mi madre cada vez que puede.

Nadie logra comprender qué me sucedió en aquel viaje.

— Ya es suficiente, Samara. Me has colmado la paciencia. — Dijo mi padre mientras entraba bruscamente en mi dormitorio.

— No quiero hablar contigo.

— Soy tu padre y me vas a escuchar. — Ordenó.

— Habla todo lo que quieras, no prometo nada. — Dije irónicamente.

— Sam... Ya se de qué viene todo esto. Lo hice por tu bien. Tú ahora estas enojada conmigo por haberlo hecho, pero entiende que era la única manera.

— Sigue gastando saliva, yo sigo sin escucharte. — Dije pensando que había contratado a alguna psicóloga o algo así.

— Hablo del conjuro, Sam. — Inmediatamente lo miré. — ¿Acaso ahora sí tengo tu atención?

— ¿Qué tienes para decirme? — Contesté rudamente.

— ¿Nunca has pensado que es extraño que todos nuestros nombres comienzan con la letra “S”? —Me miró a los ojos esperando a que hablara pero como no lo hice continuó. — Los conjuros de protección están sellados con esa letra... Todavía no comprendo cómo lograron romperlo.

— El verdadero amor está destinado a encontrarse, pase lo que pase.

— Y si fue tu verdadero amor quien te encontró... ¿Por qué estas aquí encerrada llorando? ¿Qué es lo que ocurrió?

— ¿Por qué tenemos el conjuro sobre nosotros? ¿Mamá también lo sabe?

— Tu madre no sabe nada y es mejor que continúe de esa manera... Creo que ya no eres más mi pequeña niña y tienes derecho a saber la verdad.

< Siempre estuve al tanto de la existencia de los demonios, soy un brujo. — Abrí los ojos como platos. Entonces recordé “estúpido padre ruso y brujo” había dicho Coraline. En ningún momento creí que fuera verdad. — Cuando tú naciste rogué porque no tuvieras una historia complicada antes de llegar a ésta vida. Pero sí la tenías y un demonio quiso raptarte...

— Coraline. — Interrumpí.

— ¿Ella era tu verdadero amor?

— No.

— Entonces hice bien en aquel entonces en hacer el conjuro antes de que ella pudiera llevarte.

— ¿Y cuando nacieron Samantha y Sabrina no temiste que también tuvieran una historia complicada como la mía?

— Por una parte sí, pero por otro lado ya nacieron con el conjuro.

— ¿Por qué mamá no puede saber nada?

— Porque el saber puede llevarte por varios caminos peligrosos.

— ¿Cuáles?

— No importa, mi niña.

— Sí que importa. Yo sé muchas cosas.

— Lo que más me importa es que no moriste. Ese era el peor camino y no es el que tomaste. — Dijo mientras acariciaba mi pelo. Entonces volvieron a pasar aquellas palabras de Coraline por mi cabeza.

— ¿Vivíamos en Rusia?

— Sí, mi princesita.

— Entonces... ¿cómo es que mamá y tú hablan tan bien este idioma?

— Magia.

— Si te digo algo en cualquier idioma ¿podrías traducírmelo?... No sé exactamente qué idioma es.

— Puedo intentarlo, pero depende el idioma no me será nada fácil.

— Ответ на этот вопрос находится в карты.

— Eso es muy sencillo, es ruso. “La respuesta está en las cartas” — ¿Cómo podía ser?... Si los sobres estaban vacíos... Tal vez es que yo los veía vacíos, pero nunca lo estuvieron realmente.

Me levanté bruscamente y fui a buscarlos a aquel cajón en donde había puesto todas las cosas que me recordaban a Benjamin. Tomé los siete sobres en mis manos y miré a mi padre, rogándole algo de privacidad.

— ¿Verdadero amor, eh? — Dijo mientras reía de lado y se levantaba para irse. Al llegar a la puerta continuó. — Espero que lo que hablamos, o lo que digan esas cartas te saquen de este encierro.









Primera carta:



Mi querida Madds: Al fin te he encontrado, creo que tu nombre ahora es Samara por lo que será la última vez que te llame de esa manera.

Es impresionante lo idéntica que eres a ti misma, tienes los mismos gestos, los mismos hermosos ojos que siempre he amado.

Sí estás leyendo ésta carta quiere decir que el plan funcionó tal y cómo tenía que hacerlo. Deja de llorar de una vez, es lo que quería que hicieras.

Ahora que estoy muerto, todo lo que he hecho sobre ti ha desaparecido y ahora recuerdas todo. Quiero explicarte por qué hice lo que hice en cada momento.

Verte subir a aquel bus... no me pude contener, tuve que materializarme allí. Tu imagen era algo borrosa, pero tu alma... yo sabía que eras tú.

No sabía a que punto Coraline podía verte o no, era muy arriesgado que estuviéramos juntos porque ella sabía que el verdadero amor siempre se encuentra y hacía unos cuantos años que venía siguiéndome.

Quise alejarme de ti, hacer lo correcto... pero entonces apareciste en aquel baño. O tú me buscabas o el maldito destino me jugaba una mala pasada. Entonces no quise resistirme más. Si bien Marissa apareció (lo que, a propósito, no fue gracias al destino... Lance la manipuló para que lo hiciera.) en ese instante, luego te manipule para que sin objeciones te entregarás a mí en el toalet del bus.

Lo siento, no me siento nada bien por haberlo hecho pero sabía que no tendríamos mucho tiempo y quise aprovecharlo al máximo.

Casi al instante llegó la culpa y recordé todos los peligros que el estar contigo generaba. Entonces decidí volver a manipularte, pero para que quieras estar con Ryan. Yo sabía que eso no sería suficiente, que seguías pensando en mí. Podía leerte el pensamiento y hasta en tus sueños estaba. Tuve que borrarte la memoria también.

No entiendo cómo, si te hice olvidar lo que ocurrió, es que tu pudiste decírselo al rubiecito superficial. Siempre al revés tú. Tuve que borrarle la memoria a él también.

Por una parte estaba contento de qué él se alejara de ti, no me era nada gracioso que pudiera dormir abrasado de ti y yo no, pero por otro lado tú también estabas mal por generarle malestar a él. Lo hice por ti.











Segunda carta:



Querida Sam: Hoy todo me ha salido mal. No pude aguantar el estar lejos de ti y te miré desde lo lejos, entre las montañas... ¿Me quieres decir cómo rayos lograste verme? Claro, estoy muerto ahora y no me lo puedes decir, quizá ni tú sepas cómo lo has hecho.

Casi se me sale el corazón cuando te vi caer. Quería materializarme justo allí para socorrerte, pero cuando lo terminé de pensar ya habías terminado de caer, sólo me quedaba poseer el cuerpo de tu coordinador.

Apenas atisbé que te encontrabas bien, salí de su cuerpo pero el muy descarado comenzó a coquetearte con frases baratas. Tuve que volver a poseerlo para demostrarte lo que es el verdadero coqueteo. No sé si me reconocías dentro de él, pero no fue muy complicado llegar a besarte.

Entonces se me ocurrió, que quizá, estando dentro de ese cuerpo podría estar más tiempo cerca de ti, de tu calor, de tu tacto.

Manipulé a mucha gente para poder volver a acostarme contigo, tú misma inclusive.






Tercera carta:



Sam: Hoy no tengo mucho que escribirte, la mayoría del tiempo me sentí culpable por lo que hice.

Hanna cree que si tú volvías a ser novia de Ryan, yo dejaría de cometer tantas estupideces.

Ella hizo correr el rumor de que te acostaste con Frederic, aunque en realidad lo hiciste con su cuerpo.

Más allá de lo culpable y de lo tonto que me siento, también estoy muy celoso y detesto tener tan poco que contarte en esta carta, por lo que yo mismo te la daré y te haré pasar una velada en aquel rosedal que juntos construimos... Sí, no lo hice con mi abuelo cómo planeo decirte. Juntos hicimos cada rincón de ese rosedal.






Cuarta carta: 


Lo hicimos y no te manipulé. Te dejé libre de que hicieras lo que quisieras cuando quisieras. Hasta me dijiste que me amabas. No sabes cuan feliz fui en ese momento. En ese rosedal fuiste mía por decisión propia. Me sentí por primera vez desde que nos reencontramos, confiado en aquel rumor que algunos demonios repiten... “El verdadero amor siempre se encuentra”

Pero cuando volviste al hotel... justo tú tuviste que ser el centro de algunos demonios aburridos. Tranquila, ya Amy se encargó de ellos, de los que manipularon a los dos idiotas.

Igualmente, te recuerdo, yo leía sus pensamientos... lejos estaban de no querer hacer lo que hacían.

A veces desearía que sólo fueras hermosa a mis ojos. Realmente se complica cuando hay tanta belleza junta.

Igualmente fue divertido asustarlos, perdón por asustarte a ti también. No hace mucho que soy demonio y todavía estoy aprendiendo.

Esa noche entré en tus sueños, lo compliqué todo contándote que estabas en peligro pero es que tú tenías demasiadas preguntas y sentí la obligación de contestarte por lo menos una.

Al otro día estos demonios aburridos y estúpidos volvieron a hacer de las suyas con la niñita esa, fue antes de que Amy pudiera darles su merecido.

Lance tuvo que manipular también a los directivos de la empresa de viajes para que no te echaran.

Realmente te pido disculpas... se supone que este iba a ser el mejor viaje de toda tu vida y en lugar de eso, es una desgracia atrás de otra. Sin contar que todavía no pasó lo peor.

En ese momento hubo otra complicación. Cuando poseí a Frederic él sintió en su cuerpo el amor que yo te tenía y pensó que era propio. Llegué a poseerlo justo al momento en que él no permitiría que le digas que no a su enorme ego.

Ahora que fuiste a buscar a tu amiguito es que tengo tiempo de escribirte esta carta. Es impresionante lo que te amo y no quiero que los días sigan corriendo. Ambos sabemos cómo terminará.





Quinta carta:



Te mostré mis alas. Lo que mas define lo demoniaco que soy. Me abrí ante ti y lo soportaste mejor de lo que creí. Hay veces que olvido que te conozco y pienso que te estoy conociendo nuevamente. Pero no, todo lo que hago, lo hago conociéndote y sabiendo cómo reaccionaras.

Ahora que Hanna, Amy y Lance ya lograron terminar de verte y oírte es que van a hacer algo para poder estar mas cerca de ti, creo que romperán algo en tu habitación de hotel para que te reubiquen con ellas, realmente no me importa demasiado qué es lo que harán siempre y cuando puedan cuidarte mas de cerca de lo que yo puedo hacerlo. Mientras tanto pienso rondarte en forma de fantasma. Quizá te visite en sueños, pero no haré mas que eso.





No se si encontrarme enojado o agradecido de que no soñaste. Cada vez que tengo oportunidad de estar contigo estropeo algo.





Sexta carta: 



Hoy Coraline intento asesinarte. Pasé todo el resto del día distrayéndola. ¿Por qué tiene que meterse todo el tiempo en nuestras vidas? ¿Es que no entiende que nuestro amor es verdadero y lo suyo fue apenas un enamoramiento?

Ella es quien lo complica todo, detesto que ella fuera quien me creó y que yo deba morir cuando ella lo haga. Pero así es nuestra naturaleza.

Los chicos tuvieron que contarte varias cosas de nosotros y de cómo somos, me hubiera gustado decírtelo yo, pero llegué justo a tiempo para debelarte la mejor parte.

Cómo ya te dije, tu cuerpo humano no está preparado para saber la verdad, pero tú la soportaste bastante bien. Estoy orgulloso por ti.

Sé que es súper cursi, pero déjame hacer algo romántico entre tanto drama. En donde tú decidas, te pediré que seas mi novia. Antes que mañana se termine todo. (Realmente fuiste muy astuta cuando descubriste cuanto tiempo nos quedaba, ninguno de nosotros había llegado a esa conclusión)

Mañana no escribiré una carta, pero igualmente recibirás otro sobre. Este mismo contiene nuestra anterior historia, sé que te interesa... lo leí en tu mente.

Antes de morir, debo contarte el final del plan, la parte que no sabes.



Yo reencarnaré, como ya debes saber. Nadie me mató directamente, mi muerte demoníaca fue de rebote, por lo que tengo el beneficio de elegir en donde reencarnaré.

Hace un par de años encontré a un sobrino nieto que había heredado mi forma física. (Ni siquiera me preguntes cómo... sé algo de genética y parece imposible pero el chico es igual a mí.)

Hice muchas cosas de las que no me enorgullezco y ésta es una de ellas. Maté la esencia del chico... él está en coma, o mas bien su cuerpo lo está. Esperando a que yo muera y reencarne en él.

Creo que para este momento tiene unos 22 años.

Tan pronto cayó en coma, sus padres asistieron a todo tipo de médicos para que salvaran a su hijo. Como no lo lograron, decidieron intentar con un brujo. Éste maldito brujo complicó todo poniéndole un conjuro de protección muy parecido al tuyo.

Ahora no sé en donde se encuentra el cuerpo donde voy a reencarnar. Sabré donde está cuando tenga que hacerlo, pero ya no recordaré nada una vez que lo haga.

Es tú trabajo, si todavía me amas, el encontrarme y enamorarme. Sé que lo harás. Conociéndote cómo eres, lo harás.





Tu incondicional amor eterno.

21 jun. 2013

Capítulo veinte: Último día

Fuerte, muy fuerte este capitulo. Espero que lo disfruten. Y NO SE OLVIDEN DE COMENTAAAAAAAAAAAAAR JAJAJAJ. Saludos, Mica.




Capítulo 20
Último día





Nuevamente aquella esquina, aquella calle en la negrura de la noche. Sabía que yo era la asesina, no quedaba otra respuesta. La alarma del auto a mi lado me ensordecía y me estaba llevando a la locura. Las lágrimas no podían dejar de brotar de mis ojos. Sentía que se me iba la vida con esa muerte, que nada volvería a ser igual, que ya no tenía razón para seguir adelante.
Tenía las manos repletas de sangre, y la vista nublada. Tenía que quemar el cuerpo, mi anterior sueño así me lo mostraba. Ahora veía mejor la causa de la muerte, le había clavado un espejo aunque no era una lesión que pareciera letal.

Vacía, me sentía vacía.




Desperté con lágrimas en mis ojos y mi palpitante corazón totalmente desaforado. No era la repetición lo que me asustaba, era el miedo a ese vacío.

Era el ultimo día del viaje, él día en que debía enfrentarme a Coraline. La única manera que ella no me quitaría la vida y que yo podría continuar feliz con Benjamin era matándola.

Alguien iba a morir en ese día, eso era seguro. Era la única salida, el único final.

Pensé en pedirle a Benjamin que me transformara en demonio. No tenía ni idea de cómo se hacía eso, si sería fácil o si dolería pero lo que estaba segura es que eso no me daba ninguna inmunidad. Coraline ya había matado mi forma demoníaca, y podría volver a hacerlo una y otra vez. Esta historia se convertiría en el cuento sin fin de esa manera.

Quería que todo terminara de una vez, no sabía cómo lo haría, pero tenía que ser rápido.

Me hubiera gustado poder dormirme y despertarme en unas cuantas horas cuando todo hubiera terminado. Pero no podía dormirme, tan pronto lo hiciera, moriría.

Más allá de todo esto había un viaje que debía cumplir. En el día teníamos programadas dos actividades. Iríamos a patinar sobre hielo y luego a devolver los trajes de nieve.

No quería levantarme de la cama, prefería congelar el tiempo y quedar abrazada de la perfección que en ese momento ya si podía decir “mi novio”.

— ¿Ya despertaste, Sam?

— No. — No quería hacerlo, quería dormir por siempre arraigada a ese amor que teníamos.

— Es hora de que lo hagas.

— No quiero hacerlo, quiero permanecer aquí, contigo, hasta que llegue Coraline y juntos la derrotemos.

— Los chicos y yo estaremos protegiéndote. Lo que tú propones es justamente lo que ella espera que hagamos. En cambio, yo la distraeré, mientras Amy, Hanna y Lance estarán cerca de ti.

— ¿Entonces ese es el plan y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo? — Me miró con angustia en la mirada.

— Ese es el plan, por más que no te guste.

— Nunca dije que no me gustara, sólo que me gustaría estar contigo todo lo que pueda. Siento que en cualquier momento te voy a perder. — Admití e instantáneamente me avergoncé.

— Siempre seré tu amor incondicional. — Dijo para luego besarme en la frente.

— Siento que hay algo que no me estas diciendo.

— Sigues siendo igual de intuitiva. — Dijo logrando dejarme pensando en ello.

— Y tú eres muy astuto... ¿acaso estas intentando engañarme?

— Y también sigues siendo muy inteligente... Hay mucho de lo que no puedo hablarte.

— ¿Y cuando lo podré saber?

— Cuando todo esto termine.

— ¿Qué diferencia hay entre ahora y en un par de horas?

— Demasiado. Hay demasiado en juego y no podemos dejar que tu mente colapse por tanta información.

— Detesto esto.

— Ya lo sabrás, todo. Sólo ten paciencia.

— No quiero tener paciencia.

— Vamos, vístete o te perderás el patinaje.

— No quiero patinar, quiero quedarme aquí contigo.

— No me obligues a manipularte, Sam. Realmente no me gusta hacerlo.

— No lo hagas y quedémonos.

— Sam, por favor, coopera.

— Está bien, pero que quede claro que es en contra de mi voluntad.

Me comencé a cambiar de ropa, me puse lo que encontré tirado por allí. Realmente no tenía ánimos de pensar qué usar.

— ¿Cuántos besos podré darte antes que te vallas? — Pregunté.

— Uno, ya me voy.

Lo besé una vez, dos, tres.

— Para que sepas que siempre yo tengo la ultima palabra.

— Mi terca hermosa. — Dijo al tiempo que me volvía a besar. — Te amo. — Mencionó al terminar aquel beso, mirándome a los ojos fijamente. — Siempre lo he echo y siempre lo haré.

— Yo también te amo. No puedo asegurarte que siempre lo haya echo, pero sí que siempre lo haré.

Entonces se fue.



— Hola, Sam. — Dijo Amy haciéndome sobresaltar.

— Amy... ¿hace cuanto tiempo estas dando vueltas por aquí en forma de fantasma?

— Tú preferirías escuchar que acabo de venir, así que eso es lo que te diré... Acabo de venir.

— Amy... ¿Siempre eres así de idiota?

— ¿Perdón? ¿Qué te sucede a ti?

— Quizá sólo sean los nervios. — Dije para evitar seguir peleando.

— Todos estaremos alertas, Sam.

— ¿Cómo fue que ella pudo matarme en primer lugar?

— Nadie esperaba que ella lo hiciera. Si bien la historia era complicada, nunca creímos que ella sería capaz de asesinarte.

— ¿Tú la conocías? ... Me refiero de conocerla de verdad y no tan sólo por nombre.

— En algún momento, antes de que apareciera Benjamin, éramos los 5 muy unidos.

— Por lo tanto era mi amiga también.

— Eran muy cercanas ustedes dos.

— Y entonces es que aparece Benjamin y rompe ese círculo de amistad. — Mencioné más a modo de conclusión que de pregunta.

— Desde que el apareció se complicó todo. — Eso me dejó pensando... ¿Él se sentiría culpable por lo que había sucedido? Yo repetiría una y otra vez lo mismo sólo por amor. — Según Lance era inevitable.

— Y si ya sabían lo que iba a ocurrir... ¿Por qué no hicieron algo antes?

— Parecemos perfectos, Sam, pero no lo somos.

Allí terminó esa conversación. Ella no me daría mas detalles por más que yo preguntara. Si bien era la más débil en cuanto a guardar secretos, me daba cuenta de que hablaría más que eso.

Me puse el traje de nieve encima de unas calzas negras y una camiseta de mangas largas. Até mi anaranjado cabello en una coleta alta y con unos simples tenis ya estaba lista para ir a aquella programada actividad.

Nos reunimos como siempre en el hall de entrada del hotel. Todo se sentía igual y tan distinto al mismo tiempo. Era el ultimo día del viaje y todos estábamos por demás cansados, al punto que muchos habían decidido no ir a aquella excursión para quedarse descansando y armando sus valijas. Veíamos a los chicos que recién llegaban, eufóricos, alegres, ansiosos, llenaos de alegría... parecía hace tanto que habíamos estado así nosotros y tan sólo hacían 7 días. Pero más allá de todo eso, yo me sentía como en una nebulosa. Fuera de allí, en otro lugar. Esperando a que lo inevitable llegara y que se diera el final que se tuviera que dar. O moriría o viviría, no había mucha vuelta de hoja.

Pronto estuvimos todos ya reunidos y la combi fuera esperándonos. Los demás cantaban y saltaban. No querían irse a sus casas, no querían que aquel viaje llegara a su fin... justamente lo opuesto a lo que yo deseaba en ese momento.

Llegamos a la pista de patinaje y sin demasiadas instrucciones nos dieron a cada uno un par de patines.

Al entrar muchos estaban temerosos y sólo iban por los bordes y sosteniéndose, yo era más bien temeraria y si sabía andar en patines de rueditas, esos no debían ser muy distintos.

Algunos eran mas habilidosos que otros y hasta hacían piruetas; otros iban de a dos intentando no caerse; otros cayeron al comenzar y en el piso estuvieron la mayoría del tiempo; otros iban en fila: el primero hacia fuerza, los demás se dejaban llevar y nadie se movía demasiado; yo, si bien de vez en cuando me tambaleaba, disfrutaba del frío viento en mis mejillas a causa de la velocidad. Estar allí era mas una obligación que otra cosa para mí, pero no por eso debía dejar de disfrutarlo.

Y entonces la vi, allí estaba ella. Era ella, no cabía ninguna duda. Era la chica de mi sueño y además sentía que la conocía. Era Coraline. El momento había llegado.

De la nada, apareciéndose entre el aire ella se puso delante de mí, pero sin materializarse, en su forma de fantasma.

— Sam, por favor, sólo quiero hablar contigo. — Dijo. Yo no le creía, no podía hacerlo. El que se pusiera delante de mí me asustó y quise frenar precipitadamente.

Los patines me comenzaron a resbalar de tal manera que no podía adquirir estabilidad. No sé cómo, ni de que manera me tambaleé hacía adelante y mi rostro quedó tan pero tan cerca del frío y duro hielo que hasta antes que suceda ya sentía el ruido de mis huesos frontales quebrándose. Mis brazos estaban intentando encontrar equilibrio desde hacía un momento y se encontraban demasiado lejos del piso como para impedir el trágico suceso que estaba ocurriendo.

Pero entonces Coraline se materializó justo en ese lugar, amortiguando mi caída e impidiendo mi muerte.

¿Cómo podía ser posible que ella me salvara si realmente quería matarme?

— ¡Piensa rápido, Sam! — Gritó Amelie. — ¡Tú sabes que hacer!... ¡Es ahora o nunca!

Un espejo, necesitaba un espejo. Coraline me había salvado de la casi muerte que ella misma había ocasionado, pero eso no cambiaba nada. Yo debía matarla y esa era mi mejor oportunidad.

El filo del patín era espejado, pensé rápidamente. No sabía qué tipo de herida debía provocarle, pero en mi sueño era en la pierna.

Moví mi cuerpo lo más rápido que pude y clavé la punta del patín en su pierna... o mejor dicho en el bloque de hielo donde había estado su pierna.

Había tenido la oportunidad perfecta para terminar con todo aquello y lo había arruinado. No había podido matarla, mi cuerpo había sido demasiado lento y ella se había telestransportado.

Entré en shock, mi cuerpo comenzó a temblar y lagrimas de rabia salían de mis ojos.

Todavía todo continuaría, todavía no había terminado.

Amelie y Marissa llegaron rápidamente a auxiliarme. La diferencia entre ellas era que sólo una sabía la verdad y la otra pensaba que la torpe de Samara había tenido otro accidente.

— ¿Te encuentras bien? ¿Qué te duele? ¿Por qué lloras? ¡Sam, dime de una vez que es lo que te duele! — Gritaba Marissa, quizá mas asustada que yo misma. Me dolía la decepción, todos confiaban en que yo podría terminar con todo y había fallado.

Me levanté del frío hielo de la pista y aparentando que lo que me dolía era el orgullo por haber caído de esa manera, salí de la pista enojada.

¿Por qué Coraline me había dado esa oportunidad? ¿Por qué ella me había salvado si quería matarme? En ese momento en el que tenía un segundo más para pensar todo se volvía más y más confuso.

— Ya habrá otra oportunidad. — Intentó consolarme Amelie.

— ¿Oportunidad para qué? No es tan grave haberse caído... no necesita otra oportunidad para patinar sin hacerlo. Son cosas que suceden y ya. — Interrumpió Marissa con lo que ella entendía, pero Amelie y yo estábamos en otra discusión.

— ¿Y eso cuando será? ¿¡Es que acaso tengo que pasar toda mi vida intentando hacerlo!? ¡Ella ya lo logró una vez, y puede hacerlo cuantas veces quiera!

— Ella tuvo cierta ventaja la última vez y no dejaremos que eso vuelva a ocurrir.

— No entiendo... ¿Estabas jugando carreras con alguien? — Quería seguir ignorándola, pero debía darle una respuesta.

— Sí, Sea, estaba jugando carreras. Y no quiero que me digas mas nada al respecto. — Contesté mirándola de reojo a Amelie. Ya sabía que sin la ayuda de Amelie se vendría un sermón de Marissa y realmente tenía demasiadas cosas en mi cabeza como para también tener que escuchar los reproches que causaban una mentira.

Amelie asintió y justo cuando Marissa comenzaba a tomar aire para comenzar con la reprendida, tan solo cerró la boca.

— Solo ten más cuidado la próxima.

Me quité los patines y no procuré esperar al grupo, el hotel estaba sólo a un par de calles y podría ir caminando. No quería estar más en ese lugar.

Pensé que Amelie estaría detrás de mí como un perrito faldero, pero no salí del lugar sola.

Obviamente no estaba sola, alguno de ellos estaría rondando para “protegerme”.

— Vamos, me sentiría más cómoda si puedo verte. — Le dije al aire esperando que Lance o Hanna aparecieran en cualquier lugar, pero fue Benjamin quien apareció.

No hacían falta las palabras, yo continuaba llorando por la rabia y sólo necesitaba el confort de sus brazos. Me tiré sobre él, lo abracé con todas mis fuerzas y al poco tiempo derrumbándome, dejando que él fuera mi sostén.

— Ya, Sam. No te aflijas.

— Es que no entiendo. Estoy confundida. Si ella quería asesinarme... ¿Por qué me salvó?

— Eso es lo que ella quiere, confundirte... Yo me siento muy orgulloso de ti. Descubriste como asesinarnos.

— No del todo. No entiendo... ¿Por qué un espejo?

— Porque nosotros no podemos reflejarnos en ellos a menos que nuestra sangre tenga contacto con el mismo, entonces y sólo entonces nos reflejamos y morimos.

— Ahora tiene algo más de sentido, supongo.

— Vamos, regresemos al hotel.

— Tengo que devolver el traje de nieve y queda de camino allá.

— Si, pero no puedes quedarte así de desabrigada con el frío que está haciendo.

— Control mental... ¿recuerdas? Tú me enseñaste.

— ¿Estas segura?

— Por supuesto.

Poco a poco fue cayendo la noche y nosotros caminábamos sin decir nada. Era mucha la tensión, él estaba muy alerta a cada pequeño sonido.

— Benjamin...

— ¿si?

— Si algo me llegara a ocurrir...

— No morirás, Sam. Eso te lo puedo asegurar.

— Pero si ocurriera...

— No lo hará. — Volvió a interrumpirme.

— Te amo y quiero que lo sepas. Nunca en la vida pensé que un sentimiento así podía generarse en mí y más allá de que nunca sé si estoy siendo manipulada, si lo que recuerdo es lo que realmente sucedió o si lo recuerdo todo... no me arrepiento de nada. No sé la historia completa, pero siento que debo pedirte disculpas, porque todo recae sobre mis hombros y no hago más que equivocarme una y otra vez.

— Tú no tienes la culpa de amarme. Yo fui el que...

— No. Es mi culpa. Pero si tú quieres seguir pensando que es al revés, quiero que sepas que te perdono. Te perdono por todo lo que creas que hiciste mal o todo el daño que crees que me provocaste. Pero hay algo por lo que nunca te voy a perdonar...

— Lo entiendo. No importa qué sea, por mi culpa es que tú moriste...

— Nunca te voy a perdonar por haberme demostrado lo que es el verdadero amor — Lo interrumpí. — y por hacerme desearte y anhelar tu consuelo como necesito al mismo aire que respiro.

Nuestros labios tuvieron contacto, yo lloraba, nunca había dejado de hacerlo en verdad.

Continuamos caminando por la vereda de aquella fría ciudad hasta que la manzana termino y debimos cruzar la calle.

Entonces todo volvió a ocurrir demasiado rápido. La alarma que sonaba en mi sueño se escucho a lo lejos acercándose a gran velocidad, Benjamín me empujó y él fue el atropellado. Terminó desmayado unos cuantos metros más adelante y yo tumbada a un costado.

— ¡Benjamin! — Grité sacando fuerzas de no sé donde. El parabrisa se había cortado en pedazos inclusive el espejo del costado del auto. No sabía exactamente cuando volvería a tener oportunidad de acabar con todo, pero intuía que sería rápido, por lo que tomé el pedazo afilado de vidrio y lo guardé en mi bolsillo.

Con el dolor de la caída me levanté, necesitaba ver a Benjamin más de cerca, comprobar que todavía respiraba.

No estaba muy segura de si los demonios podían morir de esa manera, pero la angustia me llenaba y era lo único que podía pensar.

Entonces ella bajó del auto con la alarma aun sonando.

— Creo que ahora podremos hablar.

— ¡Yo no quiero hablar contigo! — Dije al tiempo en que con dolor en mi pierna rengueaba hasta donde se encontraba tirado Benjamin.

— Descuida... él está bien. Solo su materialización está desmayado, pronto volverá en si.

— ¿Por qué quieres matarme? ¿Por qué lo hiciste?

— ¿Es que no sabes la historia?

— ¿Por qué te tomas la molestia de preguntar? No hace falta que seas así de hipócrita, sé que puedes leerme la mente.

— No, todavía no lo hago. Aunque no entiendo por qué.

— Sé lo suficiente de la historia como para saber que hay un lado bueno y un lado malo.

— ¿Y cuál crees que es cuál?

— Tú me mataste y quieres hacerlo nuevamente... ¿quieres que diga más o con eso queda lo suficientemente claro? — Su rostro se descompaginó, pero no en ira, sino tristeza.

— Tú crees que yo soy del lado malo. — Ella comenzaba a llorar, incluso me daba lástima. Ya no comprendía nada de lo que ocurría. — Si tan sólo te hubiera encontrado antes... estas completamente manipulada. — Si ella buscaba confundirme, lo estaba logrando. Más en aquel punto en el que no yo sabía cuál era mi voluntad impuesta y cuál era mi verdadera voluntad. — ¿No has pensando en por qué te salvé la vida hace rato? Si yo te quisiera muerta, ya lo estarías. Ahora mismo podría hacerlo.

— ¡Entonces hazlo! — Ordené.

— ¡No! ¡Nunca podría hacerlo! — Dijo en un grito desgarrante de dolor.

— Ya lo hiciste una vez.

— No quise hacerlo.

— ¿Ah no? ¿Y entonces por qué lo hiciste?

— Por lo mismo que ahora, Madds. Te están manipulando, te están alejando de mí.

— Por supuesto que me alejan de ti, tú eres mi asesina.

— ¡Yo te amo, Madds! Todo lo que hago lo hago por amor. — Ok, eso no era algo que yo me esperara. Benjamin poco a poco comenzaba a despertar e intentaba ponerse de pie. — ¡Desde que ese apareció tu cambiaste y me dejaste! No me quedó otra salida que asesinarte, para que reencarnaras sin memoria... Te encontré primero cuando naciste pero tu estúpido padre ruso y brujo puso un conjuro de protección sobre ti para que no pudiéramos verte ni escucharte ni tocarte ninguno de nosotros.

< Y ahora ellos te hacen odiarme... ¡Es a él a quien debes matar y no a mí! — Tenía sentido todo lo que ella decía y por primera vez me estaban contando las cosas. Por primera vez yo no me sentía entupidamente ignorante.

Puse mi mano en el bolsillo y tomé el puntiagudo espejo. Al fin encontraba a alguien en quien podía creer y ya sabía a quien era que debía asesinar.

Miré sus ojos y me acerque.

— Yo también te amo. — Susurré en su oído. Ya que iba a cometer el crimen, por lo menos deseaba que muriera feliz.

Entonces lo hice.

Le clavé el espejo y miré hacía donde lo había clavado sólo para hacer que su mirada fuera al mismo y así viera su reflejo.

Lo había echo y con eso todo el drama y el enigma se terminaría. Se venía una nueva era y sería la era de la verdad.

Podría haber confiado en Benjamin, podría haber confiado en Coraline... pero yo confié en mi corazón.

Y mi corazón... gritó Benjamin desde que todo comenzó.

Coraline cayó sin vida en aquel pavimento e instantáneamente miré al amor de mi vida, a quien me había llevado a eso. Él se estaba sosteniendo fuertemente en el mismo lugar del cuerpo en donde había clavado el espejo en Coraline y sin entender nada, comprendí todo.



— Encuéntrame. — fue todo lo que dijo antes de desvanecerse en el aire. Benjamin había muerto.

11 jun. 2013

Capítulo diecinueve: Típico.

Bueno chicas, nuevamente les pido disculpas por la demora. Pero tuve en cuenta eso y dejé con menos suspenso el final que lo que hacia en el resto de los capítulos. Desde ya les agradezco a las que siguen leyendo y les pido por favor que dejen su comentario. Cuanto mas me cuentan su opinion de la novela, que les gusta y que no, que entienden y que no, mas la puedo perfeccionar y mas cosas puedo adicionar al resto de los capítulos. Igualmente, SOLO QUEDAN DOS CAPITULOS Y EL EPILOGO!

Me muero por terminarla! jajaja.

Saludos, Mica :)



Capitulo 16
Típico





Me comenzaron a temblar las rodillas. Quería desplomarme, dejarme llevar. Mi corazón no paraba de latir. ¿Cómo podía ser posible? Tener una vida inmortal antes de la vida... estar en esta vida pagando nuestros errores. Yo tenía toda una vida antes de mi vida, un montón de amigos y enemigos, que me cuidaban y acechaban. Y lo más importante, tenía a Benjamin. En ambas vidas estaba él, cuidándome, amándome. Estaba allí para mí.

Necesitaba su abrazo, necesitaba su sostén, de otro modo caería de rodillas al piso. La realidad me sobrepasaba. Supongo que al momento en que comencé a temblar, Benjamin comprendió todo lo que me sucedía internamente. Era un golpe muy fuerte, y creo que ellos ya lo sabían.

Terminé desmayándome.



Nuevamente estábamos dentro de mis sueños, en el rosedal. Listos para hablar, para terminar de saber la verdad.

— Entonces... Soy la reencarnación de un demonio. — Puse en palabras lo que ya había estado en mi mente por parecía ya tanto.

— Todos los humanos lo son. Sólo que los demás demonios, cuando vemos a uno morir, no les contamos la verdad. No suele terminar bien.

— ¿No suele terminar bien? — Pregunté confundida. — ¿Por qué no?

— Su cuerpo está diseñado para nunca saber esto. Cuando lo saben... alguna consecuencia hay. Es típico de ustedes, estar mejor en la ignorancia. — Quería defender a la raza humana, poner mi orgullo por delante, pero realmente no era una discusión propia para ese momento.

— Por eso es que no me querías decir nada.

— Por eso y porque estas en peligro Sam.

— ¿Quién me quiere matar y por qué?

— Su nombre es Coraline, y básicamente, tiene celos, envidia de nuestra relación.

Podría haber seguido indagando sobre eso, pero estábamos en mi sueño, en un momento muy particular y al día siguiente todo terminaría.

— Así que siempre fuimos nosotros... Sam y Ben. — Dije cambiando un poco el tema de conversación.

— En realidad, tu nombre era Madeleine.

— Madeleine... — repetí.

— Tú eras mi Madds.

— Pero tú siempre fuiste mi Ben.

— Supongamos que sí.

— ¿Supongamos?

— Los demonios no nacen por nacer. Muy pocos pueden tener bebes demonios, no es algo normal. La mayoría fuimos humanos antes de ser lo que somos.

— Es como un círculo vicioso.

— Y uno bastante doloroso. Lo mejor es vivir como demonio todo lo que puedas.

— Sigo sin entender el supongamos.

— Cuando tú eras un demonio, me conociste como humano. La esencia, o el alma es siempre la misma. Por más que reencarnemos o pasemos por la muerte demoníaca – como nos gusta llamar a la transición humano-demonio – la esencia sigue siendo la misma. Según cuentan algunas lenguas, el verdadero amor siempre se encuentra. Si antes de que tu fueras un demonio fuiste un humano; antes de yo ser humano fui un demonio; y nuestras almas están predestinadas, por decirlo de alguna manera... nuestro amor tiene lugar desde el principio de los tiempos.

— Lancelot... él es inmortal hace miles de años. Él seguramente puede contarnos.

— Él es uno de los que comparte este pensamiento. Pero... Sam, ¿realmente te importa tanto lo que hicimos hace 2 mil o 3 mil años? — Era un momento muy íntimo, muy privado de los dos. Podía estar pasando un tornado por nuestro lado que yo no perdería de vista ni un segundo sus hermosos ojos verdes.

— Es una pregunta tonta... ¿verdad? — Admití avergonzándome.

—Es una pregunta lógica, mi reina... — Dijo mirándome con ternura.
— Entonces, no somos Sam y Ben, tampoco somos Madds y Ben... simplemente somos...
— Dos caras de la misma moneda, dos mitades de la misma naranja, dos almas gemelas destinadas a amarse una y otra vez por lo que dure la eternidad. — ¿Qué mas podía decirle? ¿Había algo que faltara en ese momento? La frase más cursi y romántica debía ser sellada con un beso. Tenía que ser de esa manera y yo no estaba dispuesta a hacerle la contra al universo que pedía a gritos ese final.
Nuestros labios se unieron de una manera tan perfecta, tan única, tan soñada. Ya no importaba si era Madds o Sam, si Benjamin siempre había sido mi Benjamin, lo único en mi mente es que eso era verdadero.
Era amor verdadero.
A pesar de que era un sueño tenia esa misma sensación de siempre, el ensanchamiento del corazón, la erección de todos los vellos de mi cuerpo, los escalofríos... lo único que faltaba para que ese momento fuera perfecto era que no fuera un sueño.

Y así pasó, derepente dejó de serlo. Abrí los ojos y me encontré nuevamente en la habitación del hotel con nuestros labios aun unidos, aun continuando con el beso de mi sueño. Llevé mi mano hacía su mejilla y muy delicadamente, con la yema de los mismos, comencé a acariciarlo. Tan solo un segundo después Benjamin suspiraba de felicidad.

Me abrazó más fuerte a él al tiempo en que yo también me estrechaba más a su cuerpo. No era una sensación carnal, pero necesitaba sentir su piel contra la mía, no saber exactamente donde comenzaba una y terminaba la otra. Sentir que éramos uno.

— ¿Te gustaría dormir conmigo esta noche? — Pregunté inocentemente.

— Por mí, lo haría todas las noches.

— Por el resto de la eternidad, por favor. — Pedí.

Miré el reloj, quizá era hora de volver a la realidad. Por más que no quisiera, por más que en mi fuero interno mi mundo era Benjamin, había un resto del mundo que se enojaría si me borraba.

Eran las 2 de la mañana, se escuchaba bullicio en la otra habitación. Las chicas seguramente volvían del boliche.

Salí del cuarto pequeño para ir a buscar mi pijama y tan pronto como lo hice recibí a Marissa sobre mí. Sólo Marissa. Tanto ruido y sólo era Marissa.

— ¿Dónde estabas? ¿Con quién? ¿Es ojitos verdes? ¿Esta en la habitación? ¿Cómo entró? ¡Quiero conocerlo! — Tan típico de ella, me atropelló en preguntas sin siquiera tomarse el tiempo de respirar.

— Mar, un segundo dame para que pueda contestarte. — Mencioné interrumpiéndola. — Ojitos verdes se llama Benjamin. Sí, está aquí. Resulta que es amigo de Lancelot y ambos dos conocían a los porteros. Igualmente Benjamin es egresado. — Improvisé. — Amelie es la novia de Lance... — Un segundo... Marissa no sabe que se conocen hace más de un milenio.

— ¿Novia dijiste? ¿De Lancelot? ¿Tan rápido?

— Digamos que ya se conocían hace un tiempo antes. Es algo tímido Benjamin, prefiere que ambas parejas nos quedemos en la habitación pequeña.

— Se nos llena de parejas la habitación.

— ¿A qué te refieres?

— Juliette y David, John y yo, Cassie y Ryan, Barbra y Frederic, tú y Benjamin, y por ultimo, Amy y Lance. Sólo quedan solas Jessie y Hanna.

— ¡Ah, bueno! De cuanto me perdí. ¿Resultó lo de Ryan y Cassie? Por lo que veo también Barbra pudo cumplir su cometido... — No hacía falta que Marissa agregara nada. — Bueno, me voy a poner el pijama. Trata de no mencionarle a nadie la presencia de Benjamin aquí, es realmente muy vergonzoso. — Marissa amago a interrumpirme pero yo ya sabía lo que saldría de su boca. — Ni siquiera a John. Promesa de amigas. — Nunca habíamos roto una promesa de amigas y sabía que ésta no sería la primera vez.

Me metí en mi valija, rápidamente saqué y me puse el pijama. Volví a la habitación y me encontré con que Benjamin había juntado las dos camas pequeñas y ya había colocado las mantas en su lugar. Todos pensaban que en cada cama individual estaría cada pareja, pero Lance y Amy podían darnos mayor privacidad y comodidad de lo que todos pensaban.

Era una noche fría en la ciudad, sólo nos teníamos que acurrucar en aquella cama y disfrutar de la cercanía del otro. Benjamin todavía seguía con la misma ropa, yo al estar lista ya estaba metiéndome bajo las cobijas.

— No tienes pijama. — Atisbé. — Puedo conseguirte uno. — Dije al tiempo que intentaba salirme de la cama. Pero Benjamin no me lo permitió, se tiró desde donde estaba y me acorraló con ambos brazos contra el respaldo.

— Tengo un mejor pijama del que tú me podrías conseguir en años. — Dijo mientras me daba un beso fugaz y volvía a alejarse.

Se paró al borde de la cama y comenzó a quitarse prenda por prenda hasta quedarse sólo en ropa interior. Su cuerpo era similar al de alguna escultura griega con los abdominales no sólo perfectamente marcados sin parecer plásticos, sino que también justamente delimitados. Muchos hombres que logran llegar a marcar los abdominales se encuentran con que no los tienen parejos. Pero Benjamin, Benjamin era perfecto.

Tenía la cantidad justa de vellos, ni suéter ni lampiño, justo. Era perfecto.

— Eres perfecto. — Le dije.

— No te dejes llevar por lo estético Sam.

— Eres perfecto para mí. A mi medida.

— No soy... — Empezó a decir mientras apagaba la luz y se metía en la cama. Inmediatamente lo abracé y entonces recordé una de sus particularidades.

— Cállate y déjame ser cursi... — Interrumpí. — Ben...

— ¿Qué sucede?

— Tienes la piel muy fría.

— Puedo manipularte para que la sientas caliente... pero también lo puedes lograr por tus propios medios.

— ¿Qué?

— Concéntrate... Piensa en la parte de tu cuerpo que en este momento sientas mas calida. — La espalda baja, pensé automáticamente. — Ahora cierra los ojos e intenta relajar poco a poco todo el cuerpo... Siente como la sangre caliente comienza a recorrer tu cuerpo desde la espalda baja... — ¿Cómo lo sabe si nunca lo puse en palabras? — Puedo leer tu mente, ¿recuerdas? — “Que tonta soy. Tonta, tonta, tonta.” Pensé mientras abría mis ojos y lo miraba sintiendo el colorado en mis mejillas. — No eres tonta. Siempre fuiste algo atolondrada... — Dijo mirándome comprensivamente. — continuemos. Siente como todo tu cuerpo empieza a irradiar ese calor, porque no sólo lograste no sentir mas frío en tu cuerpo, sino que colmaste tus expectativas al punto en que comienzas a sentir que con un mínimo roce... — Dijo al tiempo que pasaba su mano mis muslos por encima del pantalón del pijama, la metía por debajo de la remera y llegaba a acariciar mi cintura muy delicadamente. Pronto sentí su mano hervir, y poco a poco comencé a sentirlo como un sol a mi lado.

— Ya. Deja de manipularme.

— Es hipnosis, Sam. Yo no estoy manipulándote.

— No hablaba de eso. — Dije antes de darle un tierno beso. — Hablaba de tu mano, tus caricias. — Se sonrió pícaramente. — Te invité a dormir y dormir es lo que vamos a hacer.

— Cuando vives por mucho tiempo solo, comienzas a valorar cada pequeño segundo.

— ¿Y acaso es que valoras mas un segundo de sexo que un segundo de amor?

— En nuestra situación, nunca sabes cuando va a ser la última vez.

— No vuelvas a repetir eso. Saldremos de ésta, venceremos a Coraline y seremos una feliz pareja. — Sonrió pero la alegría no le llegó a los ojos. Por alguna razón él no lo creía de esa manera.

— Ya que sólo vamos a dormir... ¿puedo dormirme en tus besos?

Sólo asentí. Unimos nuestros labios lenta y dulcemente. Lo hacíamos de una manera tan calmada que al poco tiempo ya habíamos relajado nuestros cuerpos y cada pequeño roce se sentía mucho más como un cosquilleo totalmente excitante.

De la misma manera en que veníamos dando lugar al beso, con su lengua acarició mis labios como pidiendo permiso a entrar en mi boca. Él lo había logrado. Yo ya no quería sólo dormir.

Continuamos haciéndolo de esa manera solo un momento más, hasta que nos desesperamos por tener mas contacto. Quería empalagarme de tanto él como si me estuviera metiendo en una pileta de chocolate. Quería sentir su cuerpo contra el mío, que presionara al punto de hacerme jadear por la falta de aire. Él sabía que hacer en cada preciso momento, me conocía mejor de lo que yo misma lo hacía. Cada mano, cada beso, cada contacto piel a piel estaban perfectamente posicionados al punto que el placer llegaba a ser incontrolable y totalmente satisfactorio.

Podría ponerme a contar mas detalles pero ya lo he hecho en anteriores ocasiones y creo que es importante destacar que fue tan bueno o mejor que todas las demás.

Sólo nos quedaba estar el uno con el otro, abrazados a nuestra felicidad, en ese momento que deseaba que fuera eterno.

— Sam...

— ¿Qué ocurre?

— ¿Cuál es tu lugar preferido en el mundo?

— ¿A qué viene esa pregunta?

— Sólo contesta.

— Cualquier lado es mi preferido siempre y cuando te tenga a mi lado.

— Mm, — Hizo gesto de pensativo. — Ven, párate. — Dijo mientras se levantaba de la cama y se vestía sin mucho cuidado. Tomó mi cintura con ambos brazos, yo los pasé por encima de su cuello. Comenzó a besarme e instintivamente cerré los ojos. Al terminar con el beso nos mirábamos fijamente a los ojos no existía nada a nuestro alrededor. Sólo nosotros.

— Mira a tu alrededor. — Ordenó.

Nos encontrábamos en un barco. Estábamos en la proa, al mejor estilo Titanic. ¿Es que acaso estábamos en un sueño?

— No, Sam. No estas soñando. Estamos en el Titanic.

— Pero... es imposible, el Titanic está en el fondo del océano.

— Vuelve a cerrar los ojos. — Dijo y a los pocos segundos el clima había cambiado completamente. — Ábrelos.

Estábamos en una playa como las del caribe. Las cabañas estaban por encima del cristalino y celeste mar. Las palmeras a algunos cuantos metros sobre tierra firme. Nosotros, volando.

— Entonces los demonios también pueden tele transportarse sin importar tiempo ni lugar.

— ¿A dónde le gustaría ir, mi bella dama?

— Quiero ir a donde no exista el tiempo, donde podamos pasar juntos la eternidad.

— La gente normal dice la muralla china o Italia... ¿Podrías hacérmelo un poco más fácil? — Dijo mientras hacía una sonrisa torcida.

Cuando puedes elegir cualquier parte del mundo para estar, las opciones comienzan a ser repetitivas y ninguna es mejor que la otra.

— Vamos, Sam. Piensa un lugar al que siempre quisiste visitar.

— Vallamos a la Luna.

Sus deseos son órdenes...

— Benjamin...

— ¿Qué sucede?

— ¿Hace falta que cierre los ojos?

— Sólo abrásate a mí.

Todo a nuestro alrededor se tornó borroso, se comenzó a mover en espiral a más y más velocidad a cada segundo. De la misma manera pero a la inversa todo se fue acomodando y colocándose en su lugar.

Pronto me sentí como dentro de una postal. Ya no me sentía pesada, podía moverme sin dificultad. Intenté saltar y me elevé varios metros al hacerlo, inclusive estando abrazada a Benjamin, logré que ambos dos nos eleváramos.


— Un momento... no hay oxigeno en la Luna... ¿Cómo es que puedo respirar?

— Junto a nosotros teletrasnporté aire de la tierra, podremos quedarnos por unos cuantos minutos. — Dijo al tiempo que sacaba otro de los sobres de sus bolsillos. — Y también traje con nosotros esto. Es muy importante que  lo guardes bien. — Dijo mirándome serio mientras lentamente caíamos.

— ¿Por qué me los entregas vacíos? No entiendo que sentido tiene.

— Ya le encontraras el sentido... Sam...

— ¿Si?

— ¿Confías en mi?

— Por supuesto. — Se acercó más a mí, si es que eso era posible. Me abrazó con mucho fuerza, mucho amor. Colocó su rostro junto al mío, podía sentir su respiración en mi cuello.

— ¿Te gustaría ser mi novia? — Dijo suavemente en mi oído. Me detuve a mirar su semblante. Sus mejillas estaban coloreadas y resaltaban sus perfectos ojos verdes. Sabía la respuesta que yo iba a darle, desde el primer momento mi mente había gritado un ‘¡Sí!’, de modo que se sonreía pero igualmente esperaba a que lo expusiera en palabras.



— Siempre. — Contesté al fin y nos besamos. En la Luna, de novios y besándonos. Típico de refrán de abuelas.